
Un frente de tormentas severas y de rápida evolución azotó la zona metropolitana de Nueva York, transformando calles concurridas en verdaderos ríos urbanos y dejando a su paso inundaciones repentinas, miles de usuarios sin electricidad y severas afectaciones al transporte.
El fenómeno meteorológico se desató tras un inusual periodo de calor. En cuestión de minutos, la intensidad de las precipitaciones colapsó los sistemas de drenaje, afectando con especial dureza a los condados de Brooklyn y Queens.
En sectores como Fresh Meadows y Cooper Avenue, en Queens, el agua alcanzó niveles tan altos que varios vehículos quedaron atrapados bajo los pasos a desnivel, obligando a los conductores a abandonar sus autos.
“Fue violento y muy rápido. La camioneta por poco flota y se la lleva la corriente; fue una locura”, declaró Christina Moloon, residente de Queens, mientras observaba los estragos en su calle.
Las principales arterias viales no fueron la excepción. La policía de la ciudad se vio obligada a cerrar temporalmente tramos de la Long Island Expressway debido a la acumulación de agua. Asimismo, las fuertes ráfagas de viento derribaron árboles sobre el cableado eléctrico y automóviles, dejando a más de 10,000 hogares sin energía durante el pico del temporal.
Además de los daños materiales, la tormenta trajo consigo un drástico cambio de temperatura. El termómetro, que rozaba los 33°C (92°F), se desplomó bruscamente hasta los 18°C, sumergiendo a la Gran Manzana en un ambiente totalmente otoñal.
El Departamento de Gestión de Emergencias de Nueva York emitió una alerta para exhortar a la población a no caminar ni conducir por zonas inundadas, advirtiendo sobre posibles contaminantes en el agua estancada. Las cuadrillas de limpieza ya se encuentran en las calles removiendo escombros y lodo, mientras el Servicio Meteorológico pronostica que la inestabilidad y las lluvias intermitentes podrían extenderse durante el próximo fin de semana largo.