Zverev ahoga la fiesta de Shelton en Nueva York y al fin reina en el US Open

Alexander Zverev se quitó de encima el fantasma de 2020 y conquistó el primer US Open de su carrera tras vencer con autoridad al estadounidense Ben Shelton en el Arthur Ashe Stadium.

El alemán tiró de solidez, temple y un servicio demoledor para imponerse con parciales de 6-3, 7-6(2), 5-7 y 6-2 en una batalla de casi tres horas donde el ímpetu de la joven promesa local no bastó para frenar su camino a la gloria.

El encuentro arrancó con un Zverev impecable desde el fondo de la pista que neutralizó la potencia del norteamericano y quebró en el momento justo para amarrar la primera manga sin dar margen a la sorpresa.

En el segundo parcial, Shelton aceleró el ritmo arropado por el rugido de las tribunas, pero el germano no cedió terreno en los momentos de mayor tensión y resolvió el tie-break con una compostura implacable para ponerse dos sets arriba.

Cuando la tarde parecía sentenciada, Shelton sacó a relucir su gen competitivo, soltó el brazo con agresividad y logró romper el saque del teutón al cierre del tercer set para alargar el dramatismo e ilusionar al público neoyorquino.

Sin embargo, la reacción del estadounidense se quedó en un espejismo, ya que Zverev pisó el acelerador en el cuarto parcial, volvió a presionar con restos profundos y sentenció el duelo con absoluta solvencia.

La nota insólita y divertida de la jornada llegó en el mismísimo punto de partido, cuando el tenista alemán conectó un servicio ganador para cerrar el juego y se caminó de inmediato al resto sin percatarse de que el torneo ya era suyo.

Tuvo que ser el juez de silla, entre las risas de los aficionados, quien le avisó que era el nuevo campeón de Flushing Meadows, desatando la eufórica e inesperada celebración del germano.

Con este triunfo, Zverev suma su segundo título de Grand Slam en la temporada tras su coronación en Roland Garros y borra definitivamente el recuerdo de aquella desgarradora final perdida hace seis años en este mismo escenario. Del otro lado, la sequía del tenis masculino estadounidense en torneos grandes se extiende un año más, manteniendo a Andy Roddick como su último campeón desde aquel lejano 2003.