
Por: Sady Palma
España vuelve a rozar el cielo con las manos. En una noche mágica de fútbol táctico, solidez colectiva y contundencia, la selección española de Luis de la Fuente se consagró como la primera finalista del Mundial de 2026 al derrotar con un inquebrantable 2-0 a la siempre temible escuadra de Francia.
El partido, disputado ante un lleno monumental en el Estadio de Dallas, demostró la madurez de un equipo que combina a la perfección el virtuosismo técnico de su juventud con el oficio de sus hombres experimentados. España dominó los tiempos, controló el ritmo y asestó los golpes justos para anular por completo el arsenal ofensivo liderado por Kylian Mbappé.
La resistencia gala se quebró temprano. Al minuto 21, tras una internada desequilibrante en el área, el colegiado señaló pena máxima. Con un pulso de hielo, Mikel Oyarzabal transformó el tiro con maestría para colocar el primer tanto en el marcador y desatar el delirio en la grada española.
Lejos de replegarse con el marcador a favor, la escuadra nacional mantuvo un bloque sólido y presionó con inteligencia. La recompensa definitiva llegó al minuto 57 del complemento, cuando una triangulación impecable comandada por Dani Olmo sirvió un balón preciso para que Pedro Porro, con una definición soberbia, batiera a Mike Maignan y colocara el definitivo dos a cero.
Francia intentó reaccionar moviendo el banquillo, pero la impecable estructura defensiva de La Roja y un segurísimo Unai Simón desactivaron cualquier conato de rebeldía gala. España no solo alcanza la final, sino que extiende a 37 su racha de partidos consecutivos sin conocer la derrota, igualando el récord histórico mundial en manos de Italia.
La Roja ya espera en la gran final de Nueva York-Nueva Jersey (19 de julio) al vencedor del duelo entre Argentina e Inglaterra. Esta histórica generación buscará bordar de manera indiscutible la segunda estrella en el pecho de la camiseta nacional.