El clima político en Estados Unidos ha alcanzado un punto álgido en el último asalto a los derechos reproductivos de las mujeres.

Tener una prohibición federal del aborto presentada por el Senador Lindsey Graham, una persona que nunca tendrá que elegir personalmente si interrumpir o no un embarazo, es evidencia de que los políticos conservadores no se detendrán ante nada para regular a las mujeres y sus elecciones.

La decisión de tener un bebé a término o no debe ser un asunto personal, privado y no dictado por el gobierno.

Es más evidente que necesitamos una acción federal fuerte que codifique y proteja el acceso a la atención médica reproductiva, mientras que el liderazgo demócrata del Congreso todavía tiene el control.