Trump incluyó a Machado en su estrategia política para avanzar en la transición democrática de Venezuela

La hoja de ruta de Donald Trump para Venezuela es una secreto de Estado que apenas conoce un numerus clausus de funcionarios de la administración republicana. Solo Marco Rubio -secretario de Estado-, JD.Vance -vicepresidente-, Pete Hegseth -secretario de Guerra- y Susie Wiles -jefa de Gabinete- tienen la secuencia completa del plan diseñado por Trump para terminar con la dictadura venezolana.

María Corina Machado -líder de la oposición venezolana- y Edmundo González Urrutia -presidente electo de Venezuela- fueron excluidos en la toma decisión que desembocó en la captura de Nicolás Maduro y en la apertura del diálogo político con Delcy Rodríguez.

Trump lee mucho sobre historia de los Estados Unidos, y ese conocimiento fue clave para definir el comienzo de las conversaciones con la sucesora de Maduro en el Palacio de Miraflores.

-¿Por qué dialoga con Delcy Rodríguez en lugar de conversar con María Corina Machado?, le preguntaron a Trump en la Casa Blanca.

Recuerdo lo que sucedió en Irak, adonde fueron despedidos todos: la Policía, los Generales, todos fueron despedidos. Y al final, llegó ISIS. En lugar de trabajar, llegaron ellos-, argumentó el presidente republicano.

La respuesta encierra la lógica geopolítica que enmarca la hoja de ruta que Trump aprobó para Venezuela. Se trata de negociar con el régimen para evitar un vacío de poder que transforme al territorio venezolano en una ciénaga parecida a Vietnam, Afganistán e Irak.

En este contexto, Marco Rubio abrió un canal de contacto permanente con Delcy, y cuando Trump evaluó que ella se había plegado a su guión, ordenó una llamada con la reemplazante del exdictador preso en New York.

“Delcy Rodríguez es una persona excepcional”, elogió el presidente de Estados Unidos cuando terminó la conversación telefónica.

Ese comentario de Trump y un posteó sucesivo de Delcy aceptando las reglas de juego de la Casa Blanca golpearon a Machado y sus asesores más cercanos. Inesperadamente, la tierra crujía.

A Machado le confirman el almuerzo con Trump cuando todavía estaba en Europa. Llegó a DC en silencio, durmió en una residencia protegida por el servicio secreto de Estados Unidos, y mantuvo extensas reuniones con su círculo más cerrado.

Machado concluyó que había que presentar su propia hoja de ruta, escuchar los argumentos de Trump, y encontrar un punto de contacto entre ambas posiciones.

Sería una tarea ardua, con final abierto.

Trump sorprendió a Machado con su calidez política. Le mostró el Salón Oval -adonde recibió como regalo la medalla del premio Nobel de la Paz-, compartió recuerdos de la última campaña electoral, y almorzaron en la intimidad de la Casa Blanca.

Junto al presidente de los Estados Unidos se alinearon Rubio, Vance y Wiles, tres miembros del estrecho número de funcionarios que conocen toda la estrategia de Trump para Venezuela.

Machado estaba sola: González Urrutia se quedó en Madrid porque no fue invitado a la cita en DC.