
Un fuerte temblor despertó la vigilancia sísmica en el noroeste de los Estados Unidos durante la noche del pasado jueves 15 de enero. El evento, que alcanzó una magnitud de 6.2 según el Centro Alemán de Investigación en Geociencias (GFZ) y 6.0 según el Servicio Geológico de EE. UU. (USGS), tuvo lugar en el Océano Pacífico, frente a las costas del estado de Oregón.
El movimiento telúrico se registró exactamente a las 19:25 horas (tiempo local) y el epicentro se localizó en el mar, aproximadamente a 295 kilómetros al oeste de Bandon, una pequeña localidad costera, y a unos 306 kilómetros de Coos Bay.
Debido a su naturaleza superficial, con una profundidad estimada de solo 10 kilómetros, el sismo generó preocupación inicial entre los residentes de la costa.
A pesar de la intensidad del sismo, el Centro Nacional de Alerta de Tsunamis de EE. UU. emitió un comunicado oficial minutos después del evento confirmando que no existía amenaza de tsunami para las costas de Oregón, Washington, Columbia Británica o California. “No se espera que este evento genere olas peligrosas”, informaron las autoridades a través de sus canales de emergencia.
Hasta el momento, las autoridades locales de gestión de emergencias han confirmado que:
- No hay reportes de heridos ni víctimas fatales.
- No se han registrado daños estructurales en las ciudades costeras.
- El USGS emitió una “alerta verde”, lo que indica una baja probabilidad de víctimas y pérdidas económicas significativas.