Un día después del traspaso de Casemiro al Manchester United, el Real Madrid pasaba la prueba de fuego, aunque aun no hay una se puede apreciar la intención del equipo de Ancelotti sin el histórico 14, las sensaciones en el estadio Balaídos fueron muy positivas.

De todos los jugadores del Madrid que saltaron al campo de inicio contra el Celta de Vigo en la segunda jornada de la Liga, la atención se centraban de manera especial en Aurelien Tchouaméni. El francés es el encargado de ocupar la primera línea de fuego ante la abrupta salida de Casemiro.

Lo que Ancelotti tenía previsto para que el ex del Mónaco cogiera vuelo se ha convertido en un salto sin la red que suponía tener al lado a un pivote que ha mandado en un equipo de leyenda como es el Madrid de la CMK, el de las cinco Copas de Europa desde 2014.

En Balaídos, como en Almería, Tchouaméni fue el titular. Hace una semana era en plan de las rotaciones; en Balaídos lo fue en el de heredar el puesto que desde 2015 era de Casemiro al lado de Modric y Kroos.

Al 18 del Madrid se le vio mucho más suelto, más seguro. Creció al mismo ritmo al que el Madrid, como dijo Aspas, fue aniquilando al Celta. Su despliegue físico se convirtió en exhibición y tuvo su momento estelar en la arrancada de Tchouaméni en la poderosa salida con la que lanzó a su equipo para que Fede Valverde cerrara el partido con el 1-4.

Pero del partido ante el Celta regresa Tchouaméni con el mensaje de que el Madrid tiene un elemento a partir del que construir el futuro sin tener que estar pensando en todo lo que deja atrás Casemiro. El francés tiene ante sí la enorme tarea de que el Madrid mantenga las virtudes en su centro del campo sin uno de los tres jugadores que han marcado un época bajo las siglas de la CMK.