Nueva York y Nueva Jersey exigen cuentas a la FIFA

Las fiscales generales de Nueva York y Nueva Jersey han lanzado una ofensiva legal conjunta contra la FIFA. Letitia James (Nueva York) y Jennifer Davenport (Nueva Jersey) emitieron citaciones formales exigiendo que el máximo organismo del fútbol rinda cuentas por presuntas irregularidades, opacidad y precios desorbitados en la venta de entradas para el Mundial.

La investigación sitúa en el ojo del huracán la gestión comercial del torneo, centrándose de forma específica en los ocho partidos que albergará el MetLife Stadium de East Rutherford, incluyendo la gran final.

El detonante de la acción judicial ha sido una oleada de denuncias por parte de aficionados que aseguran haber sido víctimas de un engaño masivo. Tras adquirir boletos de preventa basándose en los mapas de distribución del estadio proporcionados por la FIFA, miles de compradores descubrieron que el organismo modificó los planos unilateralmente.

Como consecuencia, personas que pagaron tarifas “premium” por ubicaciones preferenciales han sido reubicadas en sectores con menor visibilidad o categorías inferiores, sin recibir explicaciones ni reembolsos automáticos. La FIFA se ha defendido argumentando que los mapas iniciales eran “orientativos”, una justificación que las fiscalías estatales consideran inaceptable bajo las leyes de protección al consumidor.

El segundo eje de la pesquisa apunta a la manipulación del mercado. Los precios para esta edición han batido récords históricos, con promedios en plataformas de reventa autorizada e intermediarios que rozan los $2,800 dólares por asiento en la zona metropolitana. Las autoridades investigan si la FIFA utilizó tácticas artificiales de escasez y declaraciones públicas engañosas para inflar el valor de las entradas.

El frente legal en la Costa Este podría ser solo el inicio. Fuentes cercanas al caso confirman que las autoridades de California ya han solicitado aclaraciones similares por los partidos que se disputarán en su territorio, lo que amenaza con arrastrar a la FIFA a una batalla legal multiterrorial en suelo estadounidense a las puertas del torneo.