
El aumento sostenido del precio de los alimentos ha obligado a millones de familias en Nueva Yorka endeudarse y a tomar decisiones cada mes entre alimentación y otros gastos esenciales.
Esta situación, documentada por una encuesta de la organización de lucha contra el hambre No Kid Hungry New York, afecta de manera desproporcionada a los hogares latinos y afroamericanos y presenta un desafío a nivel estatal con implicancias directas para la seguridad alimentaria infantil.
Durante el último año, el costo de la canasta básica ha superado ampliamente la capacidad adquisitiva de las familias en Nueva York.
Según la organización No Kid Hungry New York, el 84% de los hogares latinos con hijos asumió nuevas deudas para cubrir el costo de la comida, y más de la mitad recurrió a esquemas de financiamiento como el sistema “compra ahora, paga después”.
Entre los testimonios recogidos, un residente de Brooklyn relató: “La deuda de tarjeta de crédito no es lo ideal, pero al menos puedo alimentarme para seguir trabajando a tiempo completo mientras obtengo mi licenciatura”.
Estos datos se integran con el testimonio de muchos otros hogares afectados por la misma problemática: el 67% de los neoyorquinosentrevistados declaró que, al menos una vez en los últimos doce meses, se vio forzado a elegir entre la compra de alimentos y cubrir necesidades como la renta, facturas de servicios o transporte.
Entre las familias afroamericanas, este porcentaje se eleva al 87%, y en los hogares latinos alcanza el 84%. Estas cifras muestran un patrón de vulnerabilidad que trasciende la coyuntura económica y revela diferencias en el acceso a bienes básicos.
El impacto del encarecimiento de los alimentos es compartido entre los residentes: el 74% de la población adulta de Nueva York reportó un deterioro financiero directamente vinculado al aumento del precio de la canasta básica.
El informe de No Kid Hungry New York indica que el 84% percibe que los precios de los alimentos crecen más rápido que sus ingresos, generando una presión presupuestaria que erosiona la calidad de vida y obliga a redefinir prioridades en los gastos del hogar.
La situación es aún más difícil en los hogares con hijos pequeños. El 77% de estas familias experimentó un impacto negativo en sus finanzas por el alza de los alimentos, mientras que el 80% de las madres con niños reconoció haber tenido que elegir entre la compra de comestibles y otros gastos fundamentales.
Entre los hombres en situaciones similares, el porcentaje es del 69%, lo que evidencia una mayor carga sobre las mujeres a cargo de los hogares.
El fenómeno de la inseguridad alimentaria infantil se constata también a nivel nacional. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos(USDA) estima que cerca de 14 millones de niñosviven en hogares con dificultades para acceder a alimentos suficientes. 1 de cada 4 menores latinos enfrenta condiciones de inseguridad alimentaria, lo que significa que no siempre cuentan con acceso a una dieta adecuada en cantidad y calidad.
El testimonio de Rachel Sabella, directora de No Kid Hungry New York, aporta una perspectiva institucional: “Estos hallazgos confirman que las familias de Nueva York están afrontando el aumento del costo de los alimentos y deben tomar decisiones difíciles entre la compra de comestibles y cubrir otras necesidades básicas”.
Sabella subrayó la necesidad de reforzar la asistencia alimentaria pública para brindar un alivio efectivo y proteger los derechos de los niños.