
Una ola de incertidumbre recorre los cinco condados de la ciudad tras cumplirse la fecha límite para la implementación de la nueva reforma federal de asistencia alimentaria.
La medida, derivada de la ley conocida como “One Big Beautiful Bill” , ha dejado a miles de residentes sin el beneficio de los cupones de alimentos (SNAP), provocando una presión sin precedentes en las despensas comunitarias de la metrópoli.
La causa principal del recorte radica en el endurecimiento de los requisitos de actividad laboral para adultos de entre 18 y 64 años.
Hasta el mes pasado, muchos neoyorquinos en este rango de edad estaban exentos de demostrar empleo formal debido a las protecciones estatales y locales. Sin embargo, el mandato federal ahora exige un mínimo de 80 horas mensuales de trabajo o capacitación técnica.
Quienes no cumplan con esta cuota y no posean dependientes a su cargo, quedan limitados a recibir beneficios por solo tres meses dentro de un periodo de tres años, un plazo que para miles de beneficiarios expiró este mes de mayo.
El impacto no solo se siente en los requisitos de horas. La reforma ha redefinido los criterios de elegibilidad para inmigrantes con estatus legal, eliminando subsidios que anteriormente servían de puente para familias en proceso de estabilización.
“Estamos viendo personas que han trabajado toda su vida y que ahora, por un cambio de edad en la normativa o un tecnicismo en su estatus migratorio, se quedan con la nevera vacía”, comentó una trabajadora social del Bronx que prefirió mantener el anonimato.
A la pérdida directa de beneficios se suma un colapso en el sistema de gestión. La reducción del presupuesto federal para la administración del programa, que bajó del 50% al 25%, ha dejado a las oficinas locales con menos personal para procesar las renovaciones.
Esto ha generado un efecto dominó, incluso aquellos neoyorquinos que sí califican bajo las nuevas reglas están viendo sus beneficios suspendidos debido a retrasos burocráticos