
Por: Sady Palma
En un Estadio Azteca vibrante y colmado por una marea verde, la Selección Mexicana selló sus primeros tres puntos del torneo tras vencer con autoridad, aunque no sin sufrimiento en los minutos finales, a un rival que vendió cara la derrota en este inicio de la Copa del Mundo 2026.
Desde el silbatazo inicial, la presión de la localía se hizo sentir tanto en la tribuna como en la cancha. El conjunto azteca tomó la iniciativa del encuentro, adueñándose de la posesión del balón y buscando abrir los espacios por las bandas.
El esfuerzo rindió frutos antes de irse al descanso, cuando una triangulación perfecta en las afueras del área grande permitió el desborde y un remate cruzado que hizo estallar en un solo grito a los miles de aficionados presentes.
Para la segunda mitad, el libreto cambió de ritmo. Con la ventaja en el marcador, México replegó líneas por tramos, permitiendo el avance de un conjunto visitante que adelantó líneas con desesperación.
Fue ahí donde la figura del guardameta local y la solidez de la zaga central se volvieron fundamentales, aguantando los embates aéreos y el nerviosismo propio del debut en los minutos de compensación.
Con el silbatazo final, el nervio se transformó en júbilo. México cumple con la tarea más difícil: debutar ganando en casa, sacudirse la presión del estreno y sumar tres puntos de oro que lo colocan en una posición idónea de cara a la segunda jornada de la fase de grupos. La mesa está servida y el sueño mundialista está oficialmente en marcha.