
La reacción de los jugadores de la selección masculina de fútbol de Estados Unidos ante los uniformesdel Mundial de 2022 provocó una transformación profunda en la forma en que se diseñan sus camisetas.
Lo que comenzó como una sesión fotográfica incómoda en Austin, Texas, se convirtió en el punto de partida para un proceso inédito de colaboración entre futbolistas, la federación y Nike para definir la identidad visual del equipo nacional.
Durante el campamento previo a Catar 2022, los jugadores fueron citados para modelar los nuevos uniformes.
Al verlos por primera vez, varios integrantes del plantel manifestaron su descontento y el mediocampista Tyler Adams reconoció que “no sentíamos que nos representaran”.
El malestar fue evidente y la sesión se retrasó media hora mientras los futbolistas discutían con directivos y personal de la federación.
El episodio no pasó inadvertido para los responsables de U.S. Soccer ni para la marca patrocinadora. En ese momento, la incomodidad se agravó porque los uniformes entregados eran réplicas para aficionados y no las versiones técnicas que usarían en el Mundial.
El extremo Tim Weah expresó en redes sociales: “¡Estamos tan molestos como ustedes!” en referencia al modelo blanco y azul finalmente utilizado en Catar.
Al margen de las versiones sobre la magnitud de la protesta, hay dos hechos claros: el descontento era real y la presión de los futbolistas derivó en un cambio de enfoque.
Desde entonces, Nike y U.S. Soccer involucraron al plantel en tres etapas esenciales del desarrollo de las camisetas para 2026. El resultado fue que los propios jugadores eligieron y ajustaron los detalles de los nuevos diseños.
Un proceso participativo sin precedentes
En el ciclo hacia 2026, la federación y la marca organizaron sesiones en las que futbolistas como Adams, Christian Pulisic, Weston McKennie, Folarin Balogun, Ricardo Pepi y Matt Turner opinaron sobre colores, texturas y patrones.
“Literalmente elegimos todo”, afirmó Adams. Incluso señaló: “Tuvimos más voz que Nike”.
Las reuniones incluyeron entrevistas individuales y consultas grupales para conocer modelos favoritos del pasado y aspiraciones para el futuro.
El objetivo era crear uniformes que reflejaran la diversidad del plantel y de la afición. Según Maribeth Towers, vicepresidenta de productos de consumo de U.S. Soccer, los jugadores comprendieron que parte del público buscaba símbolos muy visibles de identidad nacional.
Así nació el uniforme de rayas rojas y blancas, definido por la diseñadora Yazmin Rosete como “salvaje y realmente llamativo”.
El segundo uniforme respondió a la petición de una prenda “para salir de noche”. Varios jugadores pidieron un diseño completamente negro, aunque la federación lo descartó.
Finalmente, Nike presentó una versión casi negra, con estrellas que solo se aprecian de cerca, pensando en un estilo elegante y discreto fuera de la cancha.
La búsqueda de una identidad reconocible
Durante el proceso, los futbolistas plantearon la necesidad de una identidad visual perdurable, como el naranja de Países Bajos o el amarillo de Brasil.
Adams lo sintetizó: “Tienes que tener estrellas y rayas de alguna forma”. La federación y Nike evitaron un modelo retro y optaron por reinterpretar las rayas, inspirándose en el movimiento de la bandera.
El uniforme alternativo generó debate dentro del grupo. Los jugadores rechazaron la primera propuesta por considerarla demasiado brillante y poco sutil.
El diseño final es azul marino muy oscuro, con estrellas metálicas apenas visibles, que terminó convenciendo al plantel.
El proceso de consulta se extendió durante varios meses. En la final de la Liga de Naciones de la Concacaf, los diseñadores llevaron muestras de telas y colores para que los futbolistas las analizaran.
El consenso no fue inmediato, pero prevaleció la idea de que el uniforme titular debía ser “indudablemente estadounidense” y el alternativo apto para la vida diaria.