
El papa León XIV encabezó su primer Domingo de Resurrección como pontífice, ante una Plaza de San Pedro colmada por 50,000 fieles, el sucesor de Francisco centró su bendición Urbi et Orbi en una denuncia frontal contra la pasividad humana frente a la tragedia: la indiferencia.
León XIV no utilizó paños calientes para describir el estado actual de la conciencia global. Retomando el concepto de la “globalización de la indiferencia”,término emblemático de su predecesor, el papa advirtió sobre el peligro de la normalización del horror.
El pontífice lamentó que la sociedad se esté acostumbrando a los miles de muertos y a las secuelas de odio que dejan los conflictos, a la vez, señaló que esta indiferencia no solo afecta a las vidas perdidas, sino también a las crisis económicas y sociales derivadas de la guerra que todos perciben pero pocos enfrentan.
Una de las mayores sorpresas de la jornada fue el giro en la estructura del mensaje. Rompiendo con décadas de tradición vaticana, León XIV no mencionó países específicos.
A pesar de que el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán cumple su segundo mes, y la guerra en Ucrania persiste, el papa optó por un mensaje universal.
Aunque en Navidad sí enumeró las crisis globales, en esta ocasión el Vaticano no ha aclarado el motivo de este cambio, que muchos interpretan como un intento de elevar el discurso por encima de las fronteras políticas.
“¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz mediante el diálogo, no mediante la fuerza”.
Con este primer mensaje pascual, León XIV se posiciona no solo como un líder espiritual, sino como una voz crítica que busca sacudir la conciencia de una humanidad que, en sus palabras, corre el riesgo de volverse inmune al dolor ajeno.