
Cada mes de septiembre, la Antorcha de la Libertad atraviesa fronteras terrestres en un acto conmemorativo que une a miles de estudiantes, atletas y ciudadanos en un relevo continuo a lo largo de cientos de kilómetros.
Su presencia transforma las carreteras y cabeceras municipales en escenarios de fiesta patria, marcando el inicio formal de las celebraciones que conmemoran la firma del Acta de Independencia de América Central de 1821.
El recorrido de la antorcha inició oficialmente el pasado 1 de septiembre de 2026 en la Ciudad de Guatemala, punto de partida histórico donde se firmó el documento independentista. Tras cruzar el territorio guatemalteco, la llama libertaria fue entregada a El Salvador, donde hizo su trayecto habitual hasta el 7 de septiembre.
A partir de esa fecha, el fuego patrio ingresó a Honduras, continuando su marcha hacia Nicaragua, para culminar su itinerario en Costa Rica entre el 13 y el 15 de septiembre. La travesía concluye simbólicamente el 15 de septiembre al llegar a la ciudad de Cartago, antigua capital costarricense, marcando el fin del relevo exactamente el día del Bicentenario más cinco de la gesta independentista.
La tradición de este recorrido transfronterizo surgió en septiembre de 1964 por iniciativa de educadores y autoridades de la región, impulsados por la propuesta del docente costarricense Alfredo Cruz Bolaños.
El proyecto nació con el objetivo de reinterpretar y revivir la gesta histórica de 1821, cuando jinetes a caballo recorrieron los países del istmo para llevar la noticia de que Centroamérica se había emancipado de España.
Desde aquel primer relevo formal en los años sesenta, la antorcha se convirtió en una tradición anual ininterrumpida que fomenta el fervor patrio y el espíritu de fraternidad.
El simbolismo de la antorcha va mucho más allá de una simple ceremonia conmemorativa. La llama encendida representa la luz del conocimiento, la autonomía y la soberanía de los pueblos centroamericanos, mientras que el esfuerzo físico de los corredores evoca la perseverancia requerida para preservar la libertad.
Al pasar la antorcha de mano en mano entre estudiantes de distintas naciones, las fronteras políticas se desdibujan momentáneamente para dar paso a la fraternidad, recordando a las nuevas generaciones que las cinco repúblicas comparten una raíz histórica común y un destino interconectado en la búsqueda constante de la paz y la integración regional.