
El caso de Oscar Belgal, un ciudadano dominicano de 28 años, ha generado una profunda indignación entre la comunidad y defensores de los derechos humanos en Nueva York, tras denunciarse que continúa bajo custodia federal con un bala alojada en su cuello después de haber sido impactado por un disparo de un agente de Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
La familia del detenido y sus abogados defensores denuncian que las autoridades migratorias no le están proporcionando el tratamiento médico urgente que requiere su delicada condición de salud.
El hecho se produjo durante un operativo federal llevado a cabo en el sector de Marble Hill, en las inmediaciones de El Bronx, cuando agentes de ICE abrieron fuego en circunstancias que aún continúan bajo investigación por parte del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD).
Tras el incidente, Belgal fue trasladado inicialmente a un centro hospitalario para recibir atención de emergencia; sin embargo, fue dado de alta prematuramente para ser reubicado en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, donde permanece recluido desde entonces.
Según las declaraciones brindadas por sus representantes legales, los médicos del establecimiento hospitalario determinaron que la bala debía ser extraída mediante un procedimiento quirúrgico especializado para evitar complicaciones neurológicas o infecciones graves.
A pesar de estas recomendaciones explícitas, el personal del centro de detención no ha programado la cirugía ni ha administrado los medicamentos analgésicos adecuados para mitigar el dolor extremo, dejando al detenido en un estado constante de sufrimiento y con severas dificultades para tragar alimentos sólidos.
Activistas comunitarios y organizaciones locales de derechos civiles se han movilizado para exigir la liberación inmediata de Belgal por razones humanitarias o, en su defecto, el traslado urgente a una instalación médica que garantice la intervención quirúrgica requerida.
Mientras tanto, el silencio y la falta de respuesta concreta por parte de las autoridades de ICE continúan incrementando la presión política y social sobre el tratamiento que reciben los migrantes bajo la custodia de agencias federales de control migratorio.