El Secretario General de las Naciones Unidas subrayó este martes los daños devastadores, tanto inmediatos como de largo plazo, que sufren los civiles que viven en ciudades convertidas en frentes de batalla.

En un debate abierto del Consejo de Seguridad de la ONU sobre las guerras en ciudades, António Guterres dijo que muchas víctimas de esas guerras sufren discapacidades de por vida y traumas psicológicos graves, además de que la infraestructura de los servicios básicos resulta dañada, afectando la salud y bienestar de la población.

Y lo peor de todo, es que estas calamidades podrían evitarse, aseveró.

“El aterrador costo humano de hacer la guerra en las ciudades no es inevitable; es una elección”, recalcó Guterres.

Recordó que actualmente unos 50 millones de personas padecen de alguna forma los conflictos en zonas urbanas y destacó que las partes enfrentadas no se ocupan de distinguir civiles de combatientes y lanzan ataques indiscriminados cuyas principales víctimas son personas inocentes.

Edificios colapsados en Gaza durante un bombardeo aéreo israelí.

Daños a infraestructura crucial

Entre las afectaciones que no causan directamente la muerte, citó como ejemplo las instalaciones sanitarias perjudicadas por los combates del año pasado en Gaza, que dejaron a casi 800.000 personas sin acceso a agua corriente, aumentando el riesgo de enfermedades y socavando aún más los cuidados médicos.

Refirió también un ataque con explosivos frente a una escuela secundaria de Kabul, en Afganistán en mayo pasado, que dejó 90 estudiantes muertos, la mayoría niñas, e hirió a 240 personas más.

Guterres sostuvo que más allá del dolor y el sufrimiento inmediatos, los efectos indirectos de los daños a las escuelas van desde la interrupción de la educación hasta una mayor probabilidad de matrimonio infantil y reclutamiento en grupos armados.

Al margen de los combates, los conflictos en zonas urbanas también suponen riesgos de asedios y bloqueos que tienen un impacto devastador en la población civil, como el hambre, la indigencia y el desplazamiento, que ha generado un récord de refugiados y desplazados internos en los últimos años.

Edificios colapsados en Gaza durante un bombardeo aéreo israelí.

Daños a infraestructura crucial

Entre las afectaciones que no causan directamente la muerte, citó como ejemplo las instalaciones sanitarias perjudicadas por los combates del año pasado en Gaza, que dejaron a casi 800.000 personas sin acceso a agua corriente, aumentando el riesgo de enfermedades y socavando aún más los cuidados médicos.

Refirió también un ataque con explosivos frente a una escuela secundaria de Kabul, en Afganistán en mayo pasado, que dejó 90 estudiantes muertos, la mayoría niñas, e hirió a 240 personas más.

Guterres sostuvo que más allá del dolor y el sufrimiento inmediatos, los efectos indirectos de los daños a las escuelas van desde la interrupción de la educación hasta una mayor probabilidad de matrimonio infantil y reclutamiento en grupos armados.

Al margen de los combates, los conflictos en zonas urbanas también suponen riesgos de asedios y bloqueos que tienen un impacto devastador en la población civil, como el hambre, la indigencia y el desplazamiento, que ha generado un récord de refugiados y desplazados internos en los últimos años.

Una niña afgana herida en un ataque a una escuela del distrito 13 de Kabul.

Medidas de mitigación

Para prevenir y mitigar el demoledor impacto de las batallas en ciudades, el Secretario General llamó a todas las partes en conflicto a respetar plenamente las leyes humanitarias internacionales, muy a menudo transgredidas en los últimos años.

Esa medida prioritaria de protección de la población conlleva la prohibición de los ataques indiscriminados y el uso de civiles como escudo humano.

El derecho internacional ordena que las partes en conflicto deben tomar medidas para minimizar los daños civiles incidentales, sobre todo cuando los conflictos armados se libran en áreas urbanas.

Asimismo, es esencial la rendición de cuentas por violaciones graves.

“Los Estados miembros deben demostrar la voluntad política de investigar y enjuiciar los presuntos crímenes de guerra en la mayor medida posible, siempre que ocurran”, enfatizó Guterres, y agregó que, además de ser una deuda con los seres queridos de las víctimas, debe servir como elemento disuasorio.

Edificios destruidos en la ciudad de Gaza durante un bombardeo israelí.

Adaptación al escenario urbano

La segunda provisión de protección es que las partes en conflicto adapten la elección de armas y tácticas a las arenas pobladas, ya que no pueden seguir los mismos esquemas que en campos abiertos de batalla.

Por otra parte, “los hechos sobre el terreno subrayan la necesidad de que las partes beligerantes eviten el uso de armas explosivas con efectos de área amplia en zonas pobladas”, puntualizó el Guterres, instando a los Estados miembros a comprometerse a evitar el uso de ese armamento en áreas urbanas.

Una tercera medida, señaló el jefe de la ONU, son las buenas prácticas, como el seguimiento de las denuncias de daños a personas o infraestructura civil para medir el impacto de sus operaciones y reducir los daños.

En este renglón, Guterres incluyó una venta de armas más responsable, el registro de bajas y, nuevamente, la rendición de cuentas.

Al final de su participación, exhortó a los Estados a utilizar su influencia en socios y aliados para garantizar el respeto del derecho internacional y la adopción de buenas prácticas. “El Consejo de Seguridad tiene un papel vital que desempeñar en este sentido”, acotó.

“Por supuesto, la mejor solución sería no tener ninguna guerra urbana”, concluyó el Secretario General.