
Por: Sady Palma
El Día del Padre es la oportunidad perfecta para rendir un homenaje profundo a los hombres de la comunidad migrante y trabajadora.
Ser padre implica amor y responsabilidad, pero ser un padre migrante exige una valentía descomunal. Son hombres que dejaron atrás su tierra y costumbres, enfrentando jornadas agotadoras en la construcción, el campo, las cocinas o el transporte.
No hay cansancio ni clima extremo que los detenga, porque en su mente no pesa el esfuerzo, sino la certeza de que son el sustento, el escudo y el motor de su hogar.
A estos padres les toca ser fuertes por partida doble: proveen el pan de cada día mientras construyen un puente invisible de valores y raíces para que sus hijos nunca olviden de dónde vienen.
Hoy les decimos: gracias. Gracias por sus manos callosas que construyen realidades y por ser el ejemplo más puro de dignidad. A ti, que eres el pilar y el orgullo de tu familia: ¡Feliz Día del Padre!