
Donald Trump fue fiel a su concepción del ejercicio de poder durante su discurso de 108 minutos en el Capitolio: defendió sin respirar su programa de Gobierno, atacó de frente a los legisladores demócratas y puso en la mira a Irán, que se transformó en su peor enemigo global.
El hemiciclo parlamentario fue escenario de una puesta de escena política que Trump manejó a su antojos desde una posición privilegiada delante de J.D. Vance -vicepresidente de Estados Unidos- y Mike Johnson, titular de la Cámara de Representantes.
En un ajustado guión que mezcló su perspectiva sobre la situación económica y social de los Estados Unidos con la aparición del equipo masculino de hockey sobre hielo que ganó la medalla de oro y la viuda de Charlie Kirk, el presidente de Estados Unidos repartió halagos y amenazas por igual.
“Nuestra nación ha regresado, más grande, mejor, más rica y más fuerte que nunca”, sostuvo Trump cuando inició su discurso sobre el Estado de la Unión.
Y añadió: “Esta es la era dorada de Estados Unidos”.
En esa línea discursiva, Trump reivindicó sus iniciativas económicas, su plan contra la inmigración indocumentada y la agenda de política exterior que ejecuta desde el Salón Oval.
“Hoy, nuestra frontera está segura. Nuestro espíritu se ha recuperado. La inflación se desploma, los ingresos aumentan rápidamente. La economía, en pleno auge, avanza como nunca antes. Y nuestros enemigos están asustados. Los estadounidenses son respetados, de nuevo, quizás como nunca antes”, enfatizó el jefe de Estado.
En cada frase, los representantes y senadores republicanos se paraban y aplaudían con frenesí, en contraste con las bancadas demócratas que se mantuvieron inmóviles y en silencio.
El tono rutilante de Trump se oscureció cuando hizo mención a la Corte Suprema que falló en contra de los aranceles recíprocos y a los bloques parlamentarios del partido Demócrata que rechazan sus iniciativas para controlar el flujo inmigratorio.
“Utilicé estos aranceles, recaudé cientos de miles de millones de dólares para lograr grandes acuerdos para nuestro país, tanto económicos como de seguridad nacional. Todo marchaba bien”, describió el líder republicano.
Y agregó: “Pero luego, hace apenas cuatro días, un desafortunado fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos acaba de llegar, un fallo muy desafortunado”.
La tensión pública con la Corte se extendió con mayor gravedad cuando cuestionó la posición de los demócratas respecto a la situación de los indocumentados en Estados Unidos.
Las bancadas opositoras rechazan financiar al Departamento de Seguridad Nacional (DHS, sus siglas en ingles), tras la muerte de Alex Pretti a fines de enero en Minneapolis.
Frente a esta estrategia de los demócratas en el Capitolio, Trump se niega a negociar con ellos y exige que aprueben la financiación para evitar que colapse el sistema de seguridad que se usa contra la inmigración indocumentada.
“Esta gente está loca”, lanzó Trump en medio de su discurso, refiriendo a los demócratas.
–¡Mataste a estadounidenses!-, replicó Ilhan Omar, representante demócrata del estado de Minnesota.
Trump miró hacia un costado del recinto y contestó visceral:
“Deberías avergonzarte”.
Omar se fue de la sesión junto a otros legisladores. Fue un hecho inédito para la historia reciente de los Estados Unidos.