La ONU ha ayudado a cientos de miles de refugiados ucranianos a cruzar a Polonia y otros países vecinos. En una entrevista para Noticias ONU, Chris Melzer, portavoz de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Alemania, ha revelado cómo ha visto con sus propios ojos muchas escenas traumáticas, de familias destrozadas por la crisis.

“He sido testigo de muchas cosas difíciles desde que comenzó este conflicto. He visto a decenas de miles de refugiados, de los cuales, alrededor del 90% eran mujeres y niños. Sus historias son similares: se despiertan por el ruido de las bombas y las granadas, cogen algunas pertenencias como sus pasaportes, y quizás un poco de dinero, o un animal de peluche para los niños.

Paulina, una de las muchas niñas que conocí, llevaba consigo un pequeño zorro. Abrazaba el juguete como si fuera lo más preciado del mundo.

En el momento álgido del conflicto, unas 140.000 personas cruzaban a diario a Polonia. La cifra ha descendido, pero todavía hay muchas personas que buscan protección en Polonia.

Estamos presentes en las fronteras con Ucrania, donde hacemos un seguimiento de la situación, ofrecemos apoyo a las autoridades y a las ONG que trabajan allí. Hablamos con los guardias fronterizos, con los voluntarios, con las ONG y con el gobierno. Pero, ante todo, escuchamos a los refugiados.

Muy a menudo han tenido que esperar durante días en la frontera, especialmente durante los primeros diez días; muchos de ellos sentados en coches sin calefacción a temperaturas bajo cero, alrededor de los menos cinco grados centígrados.

Muchos otros llegaron en autobús o tren, y luego tuvieron que caminar varios kilómetros hasta la frontera. He sido testigo de cómo las familias llegaban al puesto fronterizo, cómo el padre abrazaba a su mujer, a sus hijos, y luego se volvía a Kyiv, o a su lugar de origen. Son escenas desgarradoras.

Los refugiados de Ucrania llegan a Polonia por el cruce fronterizo de Medyka.

Echo de menos a mi padre

Cuando hablo con los refugiados, la pregunta más común que escucho de las madres es “¿cuándo podremos volver a casa?”. Los niños, por su parte, repiten “echo mucho de menos a mi papá”. Es terrible escuchar esas palabras.

Tras haber cruzado la frontera, los refugiados se dirigen a uno de los centros de recepción de los pasos fronterizos, donde pueden recibir algo de comida, una cama y, normalmente, conexión a internet para poder comunicarse con sus seres queridos. Los centros se suelen encontrar en escuelas o pabellones deportivos, donde al menos pueden entrar en calor.

Una vez ya en estos centros, intentan encontrar un lugar donde quedarse durante un par de semanas. La mayoría permanece en Polonia, pero otros se dirigen a otros países, como Alemania.

Es fundamental que otros países compartan la carga, en lugar de dejar que Polonia y otros países vecinos, como Rumanía, Moldavia y Eslovaquia, sean los únicos que respondan ante la situación. Se trata de una crisis europea e internacional. La buena noticia es que otros países de la Unión Europea están dispuestos a ayudar.

Donaciones de ropa, zapatos, juguetes y otros artículos básicos proporcionados por ciudadanos polacos para los refugiados que llegan desde Ucrania a la frontera con Polonia. .

Cómo ayudar a los refugiados ucranianos

Me ha impresionado la solidaridad de los voluntarios y las organizaciones locales que proporcionan alimentos, transporte y alojamiento.

Sin embargo, me gustaría pedir a las personas que se pongan en contacto directamente con alguna ONG, o, incluso mejor, con las autoridades de su país si quieren contribuir de alguna manera, porque su ayuda se coordinará mucho mejor y resultará más eficiente.

Por ejemplo, nosotros trabajamos con la Cruz Roja en Polonia y Ucrania, así como con otras ONG que realizan un gran trabajo en la zona. No podríamos llevar a cabo nuestra labor sin ellos.

portavoz de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Alemania

La forma más rápida y eficaz de ayudar es donando dinero. Las personas que lo deseen también pueden abrir sus puertas a los refugiados. Hacerlo sería una de las experiencias más extraordinarias de sus vidas.

Más de dos millones de refugiados ucranianos en unas dos semanas; se trata de una cifra sin precedentes. Es un gran reto, pero la solidaridad que se ha visto en muchos países ha sido enorme, así que confío en que lo superaremos”.

Recuerdos de tiempos oscuros en Europa

Los refugiados ucranianos me recuerdan a mi madre. Ella tenía nueve años en 1945, cuando se vio obligada a huir por la Segunda Guerra Mundial. Ahora tiene 86 años, y lleva dos semanas sentada frente al televisor durante dieciséis o dieciocho horas al día, absolutamente conmocionada, al rememorar de repente, nuevamente, su infancia en alta definición y en color.

Se pasa todo el día llorando, y me pregunta cuándo va a acabar, cómo se puede parar. Y yo no sé qué decirle. No tengo respuesta a eso”.