El ataúd de la reina Isabel II, quien falleció el pasado 8 de septiembre, está hecho de roble inglés, forrado de plomo y fue fabricado hace más de 30 años, como el de su marido, el príncipe Felipe, fallecido en abril de 2021.

La empresa funeraria Leverton and Sons, es la encargada de las exequias reales y han señalado que no saben cuándo ni quién fabricó ambos ataúdes, que les fueron entregados en 1991 cuando empezaron a trabajar como proveedores oficiales de la casa real británica

Según el medio científico, los ataúdes revestidos de plomo ralentizan la descomposición del cuerpo al mantener la humedad fuera del ataúd. El plomo no se descompone y, por lo tanto, permanece hermético, lo que impide la descomposición, pero también que se liberen olores.

El estandarte real, el emblema de la monarquía que tradicionalmente ondeaba sobre Buckingham, Sandrigham o Windsor cuando la reina estaba allí, cubrirá su ataúd.

Sobre el féretro se colocarán también dos insignias reales, el cetro y el orbe, un globo terráqueo rematado por una cruz que simboliza el mundo cristiano.