
El primer Clásico oficial de la temporada de LaLiga española desató la locura sobre el césped del Spotify Camp Nou, donde el Real Madrid firmó una actuación memorable para imponerse por 1-2 ante un Fútbol Club Barcelona que sufrió su segunda derrota consecutiva en apenas cinco días.
El encuentro comenzó con un guion previsible, con los azulgranas adueñándose de la posesión y buscando constantemente circuitos en la medular gracias al despliegue de Pedri y Lamine Yamal. Sin embargo, el planteamiento estratégico visitante neutralizó las intenciones locales, apostando por la solidez defensiva y salidas vertiginosas al contragolpe.
Cuando la primera mitad agonizaba y el dominio local parecía más insistente, un cambio de juego milimétrico encontró la velocidad supersónica de Kylian Mbappé, quien en el minuto 41 no perdonó mano a mano y silenció el coliseo azulgrana con el primer tanto de la noche.
Tras el descanso, el Barcelona intensificó su asedio y encontró el premio del empate al superar la hora de juego. En una jugada de pizarra nacida desde la esquina, Pedri filtró un balón medido para que Raphinha cruzara un zurdazo imparable que superó la estirada del guardameta Andriy Lunin, devolviendo las tablas al marcador e infundiendo esperanza en la grada local.
Los culés buscaron la voltereta espoleados por su gente, rozando el tanto en varias aproximaciones peligrosas donde la zaga madridista y las intervenciones providenciales de Lunin mantuvieron a su equipo con vida.
Cuando el encuentro se acercabaa la recta final, Jude Bellingham condujo una transición ofensiva brillante con destellos de pura calidad técnica, cediendo el esférico para que la jugada colectiva culminara en los pies de Mbappé. El delantero francés, letal dentro del área chica, conectó un remate inapelable en el minuto 87 que firmó su doblete particular y silenció de nuevo el estadio.
El pitazo final desató la euforia en el bando madridista, que consumó un triunfo de oro para colocarse a solo tres puntos del liderato que ostentan los azulgranas.