
En un ambiente dominado por la máxima alerta internacional, el mandatario iraní Masoud Pezeshkian encabezó la comitiva de su país en la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas celebrada en Nueva York, escenario donde pronunció un firme y confrontativo discurso defensivo en el que exclamó enfáticamente: “Nos golpearon, pero nunca nos arrodillaremos ni inclinaremos la cabeza ante las presiones”.
De igual manera,el mandatario denunció los señalamientos de Washington contra la República Islámica manifestando que “no somos terroristas, sino víctimas del terrorismo”, argumentos vertidos mientras la representación de Estados Unidos abandonaba el recinto plenaria en señal de protesta por la escalada del conflicto en el estrecho de Ormuz y la disputa en torno al programa nuclear iraní; una intervención marcada además por las estrictas restricciones diplomáticas y denegación de visados impuestas por la administración estadounidense, las cuales obligaron a la delegación persa a desplazarse bajo un cerco de movilidad sumamente acotado que limitó su paso exclusivamente a los perímetros inmediatos del cuartel general de la ONU.
la misión permanente iraní y el aeropuerto internacional JFK, cerco logístico que las autoridades de Teherán condenaron tajantemente por considerarlo un “bloqueo abusivo a la cobertura periodística y un incumplimiento de los deberes de EE. UU. como sede del organismo internacional”.
Pezeshkian concluyó su mensaje abriendo una ventana negociadora al sentenciar: “Estamos plenamente dispuestos a dialogar en busca de la paz, pero jamás lo haremos mediante el lenguaje de la fuerza o la amenaza militar”.