El presidente de El Salvador afirmó hoy en su intervención ante el pleno de la Asamblea General que “en poquísimo tiempo”, su país ha pasado de ser “literalmente el país más peligroso del mundo, a estar en camino a ser el país más seguro de América”.

Nayib Bukele dijo que cualquiera que vaya a El Salvador encontrará las mejores playas para surfear del mundo, volcanes por todas partes, un café increíble, podrá caminar con paz y tranquilidad por cualquier rincón de nuestro país y especialmente, encontrará un pueblo unido luchando por su libertad.

“Pasamos de ser un país para muchos desconocido y los que lo conocían, lo conocían por las pandillas, por los muertos, por la violencia, por la guerra; pasamos de eso, a ser un país conocido por sus playas, por el surf, por sus volcanes, por su libertad financiera, por su buen Gobierno y por haber acabado con el crimen organizado”, afirmó.

Sin embargo, aseguró que “para ser libres es requisito indispensable que los poderosos respeten la libertad de su nación”.

“Vengo de un pueblo que solamente es dueño del país más pequeño del continente americano. Y que incluso esa pequeña propiedad sobre ese pedacito de tierra, que apenas se ve en el mapa, no es respetada por países que tienen muchísimo más territorio, muchísimo más dinero, muchísimo más poder y que piensan correctamente que son los dueños de su país; pero que piensan incorrectamente que también son los dueños del nuestro”, dijo.

Formato obseleto

Después, volvió a reiterar, como hizo hace tres años, que el formato de la Asamblea General estaba obsoleto.

Pero indicó que había vuelto porque “tal vez aún sirva de algo, tal vez sirva, entre muchas otras cosas, para que este representante de este pequeño país, el más pequeño del continente americano, humildemente les recuerde que estás Naciones Unidas no se crearon para dividir, para destruir o para someter; sino para relacionarnos, para trabajar juntos, para construir una mejor comunidad de países y para buscar soluciones a los problemas del mundo”.

Después indicó: “Vine hasta acá, a pararme en este podio, en un formato en el que ya no creo, para decir algo que lo más probable es que, de todas maneras, no cambie la forma en la que los países poderosos ven a los demás. Pero tal vez cambie la forma en que los países en vías de desarrollo nos vemos a nosotros mismos”.