
En una jornada marcada por la solemnidad y el simbolismo, la Iglesia Católica dio inicio ayer a las celebraciones del Triduo Pascual.
El Papa encabezó los ritos del Jueves Santo, centrando su mensaje en la renovación del clero y el mandato del amor fraterno, en lo que representa el corazón de la fe cristiana antes de la conmemoración de la Pasión.
Por la tarde, la Archibasílica de San Juan de Letrán fue sede de la misa In Coena Domini. En un gesto que evoca la última cena de Jesús con sus apóstoles, el Papa procedió al tradicional lavatorio de los pies.
Este año, el Pontífice seleccionó a 12 sacerdotes de distintas nacionalidades que ejercen su ministerio en las periferias de Roma. El gesto, realizado en silencio y con visible emoción, subrayó el carácter servicial que el Vaticano busca proyectar en esta nueva etapa pastoral.
“Nadie es más grande que quien se hace pequeño para servir a su hermano”, recordó el Santo Padre durante una breve alocución improvisada.
Con el traslado del Santísimo Sacramento al Altar de la Reserva, las campanas de San Pedro callaron, marcando el inicio del luto litúrgico.
La ciudad se prepara ahora para el Vía Crucis que tendrá lugar esta noche en el Coliseo Romano, donde se espera una asistencia masiva de peregrinos.