El famoso restaurante Barbetta anunció su cierre definitivo tras casi 120 años en Nueva York

Uno de los restaurantes más antiguos y emblemáticos de la ciudad de Nueva York, Barbetta, se prepara para bajar el telón tras casi 120 años de actividad. La noticia del cierre ha sacudido al Distrito Teatral y a toda la comunidad gastronómica, que ve desaparecer una pieza clave de la historia culinaria local. El establecimiento, ubicado en la tradicional Restaurant Row de la calle 46 Oeste, servirá sus últimos platos el viernes 27 de febrero, poniendo fin a una era marcada por la excelencia, la tradición y el refinamiento.

¿Por qué cierra Barbetta y cuál es el contexto de su despedida?

El anuncio del cierre definitivo de Barbetta llegó pocos días después de que se conociera el fallecimiento de Laura Maioglio, la mujer que condujo el destino del restaurante durante más de seis décadas. El restaurante informó que la última jornada de atención al público será el viernes 27 de febrero, tras lo cual dejará de operar de forma permanente. La decisión de cerrar responde directamente a la muerte de Maioglio, quien había tomado las riendas del negocio familiar en 1962 y se mantuvo al frente hasta sus últimos días. La noticia fue confirmada por el propio restaurante y recogida por medios como el New York Times, generando una ola de nostalgia entre los fieles comensales y la comunidad artística que frecuentaba sus mesas.

El legado de Laura Maioglio y su huella indeleble en Barbetta

La figura de Laura Maioglio es inseparable de la historia reciente de Barbetta. Maioglio, fallecida en enero a los 93 años, transformó el restaurante en un verdadero referente de la alta cocina italiana en Nueva York. Su gestión se caracterizó por una búsqueda incansable de la excelencia y el respeto por las raíces familiares. Desde que asumió la propiedad en los años sesenta, Laura imprimió una visión sofisticada y elegante, alejándose del estereotipo de la trattoria rústica y apostando por una cocina con identidad propia. Su legado se manifiesta en la fidelidad de generaciones de clientes, el prestigio internacional alcanzado por Barbetta y la consagración del restaurante como uno de los más antiguos de la ciudad en manos de una misma familia.

Origen e historia: la saga familiar detrás de Barbetta

Barbetta nació en 1906 de la mano de Sebastiano Maioglio, padre de Laura, en una época en la que la cocina italiana apenas comenzaba a hacerse un hueco en la escena neoyorquina. El restaurante se instaló en cuatro casas de piedra rojiza contiguas, originalmente adquiridas a la familia Astor, y desde el inicio marcó la diferencia por su ambiente elegante y su propuesta gastronómica. A lo largo de sus casi 120 años, Barbetta mantuvo el vínculo familiar, convirtiéndose en una rareza en la ciudad: no solo es considerado el restaurante italiano más antiguo de Nueva York, sino también uno de los pocos que permaneció en manos de sus fundadores hasta el cierre. Su ubicación estratégica en el corazón del Distrito Teatral lo transformó en punto de encuentro de artistas de Broadway, cantantes de ópera, figuras del espectáculo y políticos.

Cambios y aportes de Laura Maioglio a la gastronomía italiana en Nueva York

La llegada de Laura Maioglio al frente de Barbetta en 1962 supuso un punto de inflexión para la gastronomía italiana local. En un momento en que muchos estadounidenses asociaban la comida italiana a restaurantes informales de salsa roja, Laura introdujo una carta inspirada en la cocina del Piamonte. Apostó por ingredientes refinados y técnicas cuidadas, y por primera vez en la ciudad, trajo las trufas blancas de temporada directamente desde Italia, gracias a la colaboración con cazadores y buscadores de trufas en ese país. La carta de vinos de Barbetta también ayudó a popularizar etiquetas como Barolo y Barbaresco, abriendo el paladar neoyorquino a los grandes vinos del norte italiano. Bajo su liderazgo, Barbetta se consolidó como sinónimo de sofisticación y autenticidad, elevando el estándar de los restaurantes italianos en Estados Unidos.

Elementos emblemáticos: el jardín, la decoración y la bodega de Barbetta

Uno de los sellos inconfundibles de Barbetta es su exuberante patio ajardinado, inaugurado en 1963 por iniciativa de Laura Maioglio. Este espacio al aire libre fue pionero en Manhattan, ya que se trató de uno de los primeros comedores exteriores fuera de Central Park, convirtiéndose rápidamente en una de las reservas de verano más codiciadas. En el interior, el restaurante lucía antigüedades traídas del Piamonte, un clavicordio del siglo XVII y majestuosas lámparas de araña, generando una atmósfera única, similar a la de un salón europeo detenido en el tiempo. La bodega de Barbetta, reconocida por su amplitud y calidad, jugó un papel central en la experiencia gastronómica, ofreciendo una selección inigualable de vinos italianos para acompañar los platos de la casa.