
Tras la operación militar que culminó con la captura de Nicolás Maduro a principios de este mes, los detalles sobre cómo las fuerzas estadounidenses lograron neutralizar la resistencia sin disparar un solo proyectil convencional están empezando a ver la luz.
En el centro de este enigma tecnológico se encuentra un nombre que ya resuena en los pasillos del Pentágono y en las redes sociales: El Discombobulator (el Desorientador).
Aunque el presidente Donald Trump se ha limitado a decir que EE. UU. posee “armas que nadie puede imaginar”, fuentes de inteligencia y testimonios de soldados en el terreno describen un dispositivo capaz de emitir frecuencias de energía dirigida.
A diferencia de las armas de fuego, el Discombobulator no busca destruir estructuras, sino anular la capacidad biológica de combate. Según reportes filtrados, el dispositivo funciona mediante:
* Ondas de ultra-baja frecuencia: Capaces de atravesar muros de concreto.
* Incapacitación sensorial: Genera una pérdida inmediata del equilibrio, náuseas severas y una desorientación cognitiva total.
* Efecto “Aturdimiento”: Los guardias presentes en el Palacio de Miraflores describieron una sensación de “vibración interna insoportable” que les impidió coordinar cualquier respuesta defensiva.
“No pudieron disparar ni un tiro”
Durante su reciente intervención en el Foro Económico Mundial, Trump se mostró jactancioso sobre la eficacia de esta tecnología. “Llegamos, y ellos simplemente no podían moverse. Fue como si el tiempo se detuviera para ellos”, afirmó el mandatario.
El uso del Desorientador marcaría un hito en la historia militar moderna, desplazando el uso de la pólvora por el control del espectro electromagnético.
Según analistas, este despliegue fue una “demostración de fuerza silenciosa” dirigida no solo a Caracas, sino también a observadores en Moscú y Pekín.
Controversia y “Armas Humanitarias”
La administración estadounidense ha comenzado a promover este tipo de armamento como una alternativa “humanitaria” para evitar bajas civiles en conflictos urbanos. Sin embargo, la comunidad internacional no está del todo convencida.
“Si bien el ‘Discombobulator’ evita la muerte inmediata, desconocemos los efectos neurológicos a largo plazo en quienes fueron expuestos”, señaló un portavoz de observadores internacionales en la ONU.
Mientras el mundo intenta asimilar la velocidad del cambio político en Venezuela, una cosa queda clara: la era de la guerra electrónica y sensorial ha dejado de ser ciencia ficción para convertirse en la nueva doctrina de seguridad de la Casa Blanca.