
La sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, se convirtió este martes 22 de septiembre en el epicentro de la diplomacia global con el inicio de la 81º Asamblea General bajo el lema “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplen para todos”, la cita anual reúne a más de un centenar de jefes de Estado y de Gobierno en un contexto internacional marcado por la parálisis institucional, la escalada de conflictos geopolíticos y el acelerado avance tecnológico.
Las expectativas para este período de sesiones están profundamente condicionadas por la urgencia de reformas estructurales en un organismo multilateral altamente cuestionado. El propio Secretario General, António Guterres, abrió la jornada advirtiendo sobre la drástica reconfiguración del poder global hacia gigantes tecnológicos y actores no estatales, todo mientras las leyes internacionales son vulneradas en múltiples frentes bélicos.
En este contexto, los líderes mundiales centran sus prioridades en la búsqueda de soluciones a la parálisis del Consejo de Seguridad para detener los conflictos armados, la urgencia de establecer marcos de gobernanza para la Inteligencia Artificial y la ciberseguridad, y la necesidad de acelerar los compromisos de financiación climática de cara a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Además, al tratarse de una de las últimas grandes citas de Guterres en el cargo, las delegaciones han intensificado las negociaciones de pasillo sobre el proceso de selección del próximo titular del organismo.
La jornada de apertura arrancó con el informe del Secretario General, seguido por la alocución del presidente del 81º período de sesiones de la Asamblea General, Khalilur Rahman. En su discurso inaugural, Rahman recordó que, si bien la ONU sigue siendo un foro irremplazable, la ciudadanía mundial no cuestiona la existencia de la institución, sino su capacidad real para brindar soluciones efectivas ante crisis que desbordan sus estructuras.
Siguiendo la tradición protocolaria de la organización, el primer líder en subir al estrado fue el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, a quien siguió el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en su condición de mandatario del país anfitrión.
Entre los más de 130 mandatarios que participan en la cita de Manhattan, varios discursos y reuniones bilaterales concentran la atención internacional. Donald Trump fija la pauta con una intervención centrada en las prioridades unilaterales y la política exterior estadounidense, mientras que el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy, busca consolidar el apoyo diplomático y militar de sus aliados europeos de cara al invierno.
Por su parte, la convulsionada situación en Medio Oriente mantiene la mirada sobre intervenciones clave como la del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, y la declaración en video transmitida por Mahmoud Abbas en representación de la Autoridad Palestina, a los que se suman otros mandatarios latinoamericanos como Bernardo Arévalo de Guatemala.
A pesar de la alta concurrencia, el debate está fuertemente marcado por la ausencia de los máximos líderes de varias de las principales potencias económicas y militares del mundo. Ni el presidente chino, Xi Jinping, ni el mandatario ruso, Vladimir Putin, asistieron a Nueva York, delegando la representación de sus países en sus jefes de cancillería, con Sergey Lavrov al frente de la delegación rusa.
A estas ausencias notables se suma la decisión de otros pesos pesados del G20, como India, Alemania y Sudáfrica, cuyos jefes de Estado o Gobierno optaron por no viajar y enviar en su lugar a sus ministros de Relaciones Exteriores.
Esta creciente brecha entre las autoridades que acuden a la tribuna del Salón del Plenario y aquellas que priorizan las negociaciones bilaterales o foros alternativos evidencia el mayor desafío de esta 81.ª Asamblea General. El éxito del encuentro dependerá de la capacidad de las delegaciones para evitar que el máximo órgano multilateral del planeta quede relegado a un espacio de discursos formales, desvinculado de los verdaderos centros de decisión del poder global.