
Han pasado ya dos años desde la última vez que tuve cupos disponibles para bebés en mi centro de cuidado infantil. No poder aceptar nuevos pequeñitos y ayudar a familias que dependen del cuidado infantil para poder trabajar es desgarrador.
Sé que no soy la única que enfrenta este reto, ni en el estado de Nueva York ni en el resto del país. Por eso, junto a otras colegas, lucho por mayores inversiones en nuestro sector para ampliar nuestros servicios, abrir nuevos centros y crear soluciones reales para nuestras comunidades.
Todo esto ocurre mientras nuestro sector enfrenta ataques que han tenido efectos devastadores en nuestra fuerza laboral.
Este año, la administración Trump ha intentado congelar fondos esenciales para el cuidado infantil y ha promovido acciones que han generado miedo e incertidumbre en nuestras comunidades.
Estas realidades afectan directamente a los niños, a las familias y a los proveedores que sostienen este sistema todos los días.
Al mismo tiempo, quienes intentamos expandir nuestros programas enfrentamos enormes barreras. En mi caso, llevo semanas buscando financiamiento de entidades crediticias privadas para una extensión que convertiría mi programa en un modelo innovador en Nueva York, con dos sucursales en un mismo lugar. Sin embargo, el proceso ha sido agotador: solicitudes interminables, cuestionamientos constantes sobre la viabilidad de nuestro trabajo y múltiples rechazos, simplemente por operar un negocio desde mi propio hogar.
Esto refleja una realidad preocupante: el mercado actual no reconoce al cuidado infantil como la infraestructura esencial que es. Sin cuidado infantil, los padres no pueden trabajar, las familias no pueden sostenerse y nuestra economía no puede funcionar.
Por eso, necesitamos inversiones públicasa udaces que apoyen tanto a las familias como a los proveedores. ¡Pero ya basta! Basta de un sistema de cuidado infantil que no funciona ni para quienes brindamos el servicio ni para quienes lo necesitan.
El próximo 11 de mayo, durante el Día Sin Cuidado Infantil, nos uniremos a nivel nacional para lanzar oficialmente nuestra campaña por un sistema de cuidado infantil universal.
Nuestra visión es clara: un país donde todos los niños tengan acceso a un cuidado de calidad, donde las familias no enfrenten cargas económicas insostenibles, y donde los proveedores reciban salarios dignos por el trabajo esencial que realizan. Un sistema basado en la equidad, la justicia y el reconocimiento del valor de la educación en la primera infancia.
Para mí, esto es profundamente personal. De niña, vi cómo mi madre dependía únicamente del apoyo de nuestra familia. Nunca tuve ñ acceso a la educación de la primera infancia.
Aunque siempre estaré agradecida por ese apoyo, sé que su vida habría sido más fácil si hubiera tenido acceso a opciones de cuidado de calidad.
Por eso creo firmemente en brindar a los niños oportunidades desde temprana edad—para que desarrollen todo su potencial—y en apoyar a las familias para que puedan prosperar.
Lograr un sistema de cuidado infantil universal requerirá que todos nos unamos: padres, educadores, líderes comunitarios y representantes electos. Así como priorizamos la educación primaria y secundaria, es
urgente hacer lo mismo con la educación de la primera infancia. Y hasta que todos los niños de este país tengan acceso al cuidado infantil que merecen, no dejaremos de luchar.
Yo, especialmente, no descansaré hasta lograrlo.
