La Organización Mundial de la Salud ha informado este lunes que está siguiendo dos nuevos linajes de la variante ómicron (BA.4 y BA.5), cuyas “mutaciones adicionales deben estudiarse más a fondo para comprender su impacto en el potencial de escape inmunológico”.

La agencia de la ONU está colaborando con los científicos para comprender mejor su propagación actual, así como cualquier impacto potencial que puedan tener.

Hasta el momento, de acuerdo con los datos que posee este organismo, sólo se han notificado unas pocas docenas de secuencias de estas variantes en un puñado de países.

Con el objetivo de continuar la evolución adecuada de la pandemia, la OMS alienta a los países a que sigan vigilando el virus y a que compartan rápidamente los datos en la plataforma GISAID, que permite tener un mejor conocimiento del virus, incluidos sus nuevos linajes.

Las vacunas COVID-19 se administran en un hospital de Masaka, Uganda, donde espera esta madre con mascarilla y su bebé.

© UNICEF/Kalungi KabuyeLas vacunas COVID-19 se administran en un hospital de Masaka, Uganda, donde espera esta madre con mascarilla y su bebé.

El comité de emergencias de la OMS analiza la evolución de la pandemia

Precisamente, hoy se ha reunido el Comité de Emergencias de la Organización para estudiar la evolución de la pandemia de coronavirus y emitir recomendaciones a los Estados.

En la reunión de apertura, el director general de la Organización, el doctor Tedros Adhanom Gebreyesus, dijo que “es gratificante ver una tendencia a la baja en las muertes registradas (por COVID-19), que la semana pasada fueron las más bajas en los  dos últimos años”.

Sin embargo, Tedros ha repetido que la pandemia “está lejos de terminar”.

La transmisión sigue siendo muy alta y la cobertura de vacunación sigue siendo muy baja en demasiados países y la relajación de muchas medidas sociales y de salud pública está permitiendo que la transmisión continúe, con el riesgo de que surjan nuevas variantes, explicó Tedros.

Y añadió que “el COVID-19 está afectando ahora a los países de maneras muy diferentes”. En los países con alta inmunidad de la población, hay una disociación entre casos, hospitalizaciones y muertes; en otros con menor acceso a las vacunas, el aumento masivo de casos ha provocado un gran número de hospitalizaciones e incluso un mayor número de muertes en comparación con las oleadas anteriores.

Cuando la pandemia acaba de entrar en su tercer año, al director le preocupan tres factores. En primer lugar, el cansancio de la población. En segundo lugar, la duración de la inmunidad derivada de la vacunación o la infección anteriores sigue sin estar clara. Y tercero, no podemos predecir cómo evolucionará el virus.

A pesar de las incertidumbres, recordó que el mundo tiene las herramientas para limitar la transmisión, salvar vidas y proteger los sistemas sanitarios: “Tenemos los sistemas para comprender mejor el virus a medida que va cambiando, y tenemos las vacunas, las pruebas, los tratamientos y las medidas sociales y de salud pública para poner fin a la fase aguda de la pandemia de COVID-19”.

Hace poco más de una semana la Organización Mundial de la Salud presentó su tercera actualización del Plan Estratégico de Preparación, y Respuesta para el COVID-19, en el que observaba tres posibles evoluciones del coronavirus SARS-CoV-2: una, la más probable; otra, la más benigna, y la última, la más temida.

El escenario más plausible es que el virus siga evolucionando, pero que la gravedad de la enfermedad que causa se reduzca con el tiempo a medida que aumenta la inmunidad debido a la vacunación y la infección.

La segunda posibilidad es el mejor de los casos posibles: el surgimiento de variantes menos graves contra las que no sean necesarias dosis de refuerzos o nuevas fórmulas de vacunas.

Sin embargo, el tercero escenario es el peor posible, la aparición de una variante más virulenta y altamente transmisible.