El sector del turismo que se desarrolla en áreas protegidas de la flora y la fauna silvestres sufrió las consecuencias devastadoras de la pandemia de COVID-19. La suspensión del turismo conllevó la pérdida de empleos e ingresos, se retiraron los fondos de proyectos de conservación y, como resultado, la caza furtiva aumentó en muchos lugares del mundo. 

A esto se sumó un cuarto elemento: la inseguridad alimentaria generalizada. 

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) hizo una convocatoria en abril de 2020 para apoyar a las comunidades que dependen del turismo en zonas silvestres.

Entre los nueve beneficiarios de la “Respuesta COVID-19: subvenciones para la resiliencia de las comunidades de vida silvestre” se contó la comunidad indígena Achuar de Ecuador, que lucha para combatir el deterioro de sus bosques.

La Amazonía ecuatoriana, que alberga más del 10% de la biodiversidad mundial, se ve amenazada por la industria petrolera, la minería, la tala ilegal y la expansión humana, pero la comunidad indígena Achuar del sureste de Ecuador trabajaba incansablemente para salvar su medio natural mediante el ecoturismo.

Sin embargo, la pandemia de COVID-19 supuso un duro golpe para el turismo, cuyos ingresos servían para respaldar las actividades de conservación y educación llevadas a cabo por esta comunidad indígena.

La subvención del PNUD sirvió para capacitar a doce comunidades indígenas de la selva amazónica en métodos de jardinería doméstica sostenible, aumentando la diversidad de especies locales cultivadas. Los fondos también se utilizaron para financiar empresas de grupos comunitarios para la venta de artesanías y productos locales a nivel regional y nacional, incluida una red y una plataforma para conectar compradores y productores en el área local. 

Conoce a todos los beneficiarios de este proyecto en la página del PNUD.