
La zona centro-sur de Chile enfrenta una de las emergencias climáticas y humanas más graves de los últimos años, con un saldo preliminar que ya asciende a 16 personas fallecidas. La rápida propagación de los incendios forestales, concentrados mayoritariamente en las regiones de Ñuble y Biobío, ha obligado al Gobierno a decretar el Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe.
Esta medida busca agilizar el despliegue de recursos militares y brigadas de emergencia para contener un fuego que, impulsado por condiciones climáticas extremas, parece no dar tregua a las comunidades afectadas.
La situación más crítica se vive en la región del Biobío, particularmente en comunas como Penco y Tomé, donde las llamas han saltado de las zonas forestales hacia los núcleos urbanos con una velocidad aterradora.
Las autoridades han confirmado que las víctimas fatales se concentran en estas áreas, donde el fuego sorprendió a familias enteras en sus hogares o durante intentos desesperados de evacuación.
El humo denso y las cenizas han cubierto el cielo del Gran Concepción, mientras miles de damnificados han visto cómo el esfuerzo de toda una vida se reducía a escombros en cuestión de minutos.
El combate contra el fuego se ha visto severamente dificultado por la coincidencia de factores meteorológicos adversos, conocidos técnicamente como la “tormenta perfecta”. Con temperaturas que superan los 38°C en los valles interiores y una humedad relativa peligrosamente baja, la vegetación actúa como combustible seco y altamente inflamable.