Algunos aeropuertos de Estados Unidos podrían cerrar debido a que los trabajadores de la TSA no están recibiendo sus salarios

El cierre parcial del gobierno federal en Estados Unidos, iniciado a principios de marzo de 2026, ha generado una crisis en la seguridad aeroportuaria. Miles de empleados de la Administración de Seguridad del Transporte (TSA) se han visto obligados a continuar en sus funciones sin percibir su salario, situación que afecta a unos 50.000 agentes de seguridad aérea en todo el país. Este escenario ha puesto en riesgo el funcionamiento regular de los aeropuertos estadounidenses, evidenciando la fragilidad de los servicios esenciales ante la falta de acuerdos políticos para la financiación del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), del que depende la TSA.

El impacto inmediato se ha sentido en la operatividad de los controles de seguridad y en la experiencia de los viajeros. El domingo 15 de marzo de 2026, aproximadamente el 10% de los agentes de la TSA no se presentó a trabajar, según datos oficiales. Esta ausencia masiva provocó que las colas de seguridad en varios aeropuertos se extendieran más allá de las terminales, dificultando el tránsito de pasajeros y generando demoras significativas. El absentismo responde, en gran parte, a la necesidad de los trabajadores de buscar ingresos alternativos ante la suspensión de sus sueldos, lo que ha llevado a una disminución crítica del personal disponible para cumplir con los estrictos protocolos de seguridad aérea.

La situación ha encendido las alarmas sobre la sostenibilidad de las operaciones aeroportuarias, especialmente en las instalaciones más pequeñas. El administrador adjunto interino de la TSA, Adam Stahl, advirtió públicamente que el aumento de las ausencias podría derivar en el cierre temporal de algunos aeropuertos. Según declaró en una entrevista televisiva, “si esta situación continúa a medida que pasen las semanas, no es exagerado sugerir que podríamos tener que cerrar literalmente los aeropuertos, especialmente los más pequeños, si aumentan las incidencias”. Esta advertencia subraya el riesgo real de que ciertas terminales, con menor capacidad de maniobra ante la falta de personal, se vean obligadas a suspender operaciones mientras persista el conflicto presupuestario en el Congreso.

El absentismo laboral está directamente vinculado a la falta de pago de los salarios de los agentes de la TSA. La última semana, los empleados no recibieron su primer sueldo completo, lo que agudizó el malestar y la incertidumbre. Las historias personales ilustran la gravedad de la crisis: Johnny Jones, secretario-tesorero del Consejo 100 de la AFGE TSA y agente en Dallas, relató que esperaba un cheque de pago de 2.000 dólares, pero solo recibió 500 y, posteriormente, nada, acumulando un déficit de 3.500 dólares. Esta situación limita la capacidad de los trabajadores para cubrir necesidades básicas y obliga a muchos a buscar otras fuentes de ingreso, lo que a su vez incrementa el ausentismo y agrava el colapso en los controles de seguridad. “Cuando recibes un pago parcial, cuando esperas 2.000 dólares y recibes 500, y luego esperas 2.000 y no recibes nada, ahora tienes un déficit de 3.500 dólares”, explicó Jones, quien subrayó la falta de alternativas para afrontar la situación.

El debate sobre las consecuencias del cierre parcial del gobierno ha reavivado recuerdos de crisis anteriores. Durante el cierre de gobierno más largo en la historia de Estados Unidos, bajo la administración Trump, se tomaron medidas extraordinarias, como la reducción de los horarios de las aerolíneas en los principales aeropuertos, para aliviar la presión sobre los controladores de tráfico aéreo de la Administración Federal de Aviación (FAA). En el cierre actual, la FAA cuenta con financiación completa, pero los viajeros siguen sufriendo las consecuencias de las largas colas y la reducción de personal en los controles de seguridad. La diferencia clave radica en que, aunque el tráfico aéreo esté garantizado desde el punto de vista técnico, la experiencia de los pasajeros y la seguridad de los vuelos dependen en gran medida de la operatividad de la TSA, que permanece afectada por la falta de pago a sus empleados.

Por su parte, las autoridades federales han mantenido una postura ambigua ante la crisis. La TSA no respondió de inmediato a las solicitudes de comentarios formuladas por USA TODAY ni confirmó si el cierre de algún pequeño aeropuerto está en consideración efectiva. El Departamento de Transporte remitió la consulta al Departamento de Seguridad Nacional, responsable último de la financiación de la agencia. Esta falta de respuestas concretas por parte de las instituciones responsables incrementa la incertidumbre y dificulta la planificación tanto para los trabajadores como para los usuarios de los aeropuertos.

Mientras persista el desacuerdo en el Congreso sobre la financiación del Departamento de Seguridad Nacional, el funcionamiento regular de los aeropuertos estadounidenses continúa en riesgo, con miles de empleados de la TSA trabajando sin cobrar y una amenaza latente de cierres temporales en terminales de menor envergadura.