En febrero, parecía que India había controlado el covid-19, y los casos diarios cayeron casi un 90% desde el pico de la primera ola el año pasado.

Ahora, el país está experimentando el peor brote del mundo. Los casos diarios han aumentado continuamente durante los últimos 10 días; el lunes, India reportó 352.991 nuevos casos, rompiendo otro récord de la cifra más alta en un solo día a nivel mundial.

 Sobre el terreno, estos números se traducen en una tragedia desgarradora. Las fotos muestran a familias en duelo vestidas con trajes protectores completos durante cremaciones en masa, realizando los últimos ritos rodeadas de docenas de otras piras funerarias encendidas. Los hospitales se han quedado sin suministros médicos básicos y muchos pacientes mueren debido a la escasez de oxígeno. Los familiares conducen de clínica en clínica, buscando desesperadamente camas de unidades de cuidados intensivos (UCI) abiertas para sus seres queridos.

 El gobierno lucha para responder a la crisis, mientras países de todo el mundo ofrecen ayuda. Pero, por ahora, el brote no muestra señales de ceder y los expertos advierten que podría empeorar.

“Me temo que este no es el pico”, dijo el lunes el Dr. Giridhara R. Babu de la Fundación de Salud Pública de la India. “El tipo de datos que vemos, (estamos) al menos a dos o tres semanas del pico”.

Otros dicen que India puede estar acercándose al pico ahora, antes que la estimación de Babu, pero con tantos enfermos y tan pocos suministros disponibles, el país verá muchas más muertes antes de que disminuya la segunda ola.

 ¿Cómo se agravó tanto?

 Los casos comenzaron a aumentar a principios de marzo, pero se aceleraron rápidamente: el número de casos diarios a fines de mes había aumentado seis veces más que a principios de mes. Ese aumento exponencial solo ha continuado con mayor velocidad y severidad.

La segunda ola golpeó mucho más fuerte porque la gente no estaba preparada, dicen los expertos. La primera ola alcanzó su punto máximo en septiembre y los casos diarios disminuyeron de manera constante en los meses siguientes; la aparente recuperación parecía tan exitosa que el ministro de Salud del país declaró a principios de marzo que estaban “en la etapa final” de la pandemia.

Y la campaña de vacunación del país, una de las más grandes y ambiciosas del mundo, se puso en marcha en enero.

Los residentes relajaron las prácticas seguras de covid, como el distanciamiento social, y las autoridades fueron más flexibles en su cumplimiento. Aunque algunos estados se mantuvieron cautelosos y se prepararon para una segunda ola, nada de eso fue suficiente, y nadie previó la ola masiva que se avecinaba.

“Nadie vio la magnitud de la oleada”, dijo K. VijayRaghavan, principal asesor científico del gobierno indio. “A medida que descendía la ola anterior, todos teníamos la sensación de que esto era algo que se había abordado sustancialmente. Vimos señales de una próxima ola, pero la escala y la intensidad de la misma no estaban claras”.

La crisis se agravó por la lenta respuesta del gobierno central. Aunque algunos ministros estatales y autoridades locales comenzaron a tomar medidas desde febrero, parece haber un vacío de liderazgo dentro del gobierno central, y el primer ministro, Narendra Modi, permaneció en gran parte en silencio sobre la situación hasta las últimas semanas.

Modi finalmente rompió su silencio la semana pasada, reconociendo la urgencia de la situación en un discurso a la nación, y lanzó una serie de medidas de emergencia para aliviar la carga sobre los estados y los hospitales. Pero para entonces, dicen algunos críticos, el daño ya estaba hecho.

¿Qué está pasando con las vacunas contra el covid-19?

 India está administrando dos vacunas a nivel nacional: la vacuna de Oxford/AstraZeneca, conocida como Covishield en India, y su propia Covaxin, desarrollada conjuntamente por Bharat Biotech y el Consejo de Investigación Médica de la India (ICMR), administrado por el gobierno. A mediados de abril, India también aprobó la vacuna Sputnik V de Rusia.

El país inició su programa de vacunación en enero para los trabajadores de la salud y los grupos prioritarios –y celebró su día 100 el 25 de abril– con el objetivo de inocular completamente a 300 millones de personas para agosto. Pero el programa tuvo un comienzo lento, enfrentándose a problemas logísticos, así como a la vacilación ante la vacuna entre la población, especialmente hacia Covaxin, que fue aprobada para uso de emergencia antes de que se publicaran los datos de eficacia de su ensayo de tercera fase.

Hasta el 25 de abril, India había administrado 140,9 millones de dosis de vacunas contra el covid-19, según el Ministerio de Salud.

A pesar de administrar la mayor cantidad de vacunas contra el coronavirus en el mundo después de Estados Unidos y China, India ocupa un lugar más bajo que muchos países en vacunación per cápita.

A principios de abril, el gobierno central dijo que aceleraría las aprobaciones de emergencia para las vacunas ya aprobadas por la Organización Mundial de la Salud o las autoridades de Estados Unidos, Europa, Gran Bretaña y Japón. Las empresas aún deben solicitar la aprobación en India, pero estarán exentas de tener que realizar pruebas de seguridad locales, lo que agiliza el proceso.

A partir del 1 de mayo, todos los residentes mayores de 18 años serán elegibles para la vacunación. Los proveedores de vacunación privados también podrán vender y administrar vacunas.

Pero los ministros estatales han criticado las nuevas medidas, señalando que simplemente no hay suficientes vacunas incluso si más personas se vuelven elegibles. El primer ministro de Bengala Occidental calificó la decisión como «hueca, sin sustancia y una lamentable demostración de evasión de responsabilidad por parte del gobierno central en un momento de crisis», y agregó que podría conducir a «mecanismos sin escrúpulos» con respecto a la fijación de precios en el mercado.

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