Dos días antes de lo planeado por el gobierno, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) desalojó y se llevó a los últimos 50 inmigrantes haitianos que se hallaban hacinados debajo del puente internacional de Del Río, en el sur de Texas, quienes juntos con otros miles aguardaban una oportunidad de pedir asilo en Estados Unidos.

“En la última hora se llevaron a los últimos, unos 50. Los subieron en autobuses y se los llevaron. El lugar quedó vacío. La maquinaria pesada está terminando las labores de limpieza del campamento improvisado”, reportó el periodista Luis Megid, corresponsal del Noticiero Univision que se encuentra en la zona.

Solo quedan huellas de este campamento, trozos de alambres, algunas ropas que evidencian que este lugar estuvo hacinado durante días, quizás semanas”, agregó.

Más tarde, el propio secretario del DHS, Alejandro Mayorkas, confirmó que el campamento ya estaba vacío.

Mayorkas afirmó que fueron expulsados bajo criterios de seguridad relacionados con salud pública, específicamente el Título 42, no aplicando leyes migratorias. “Muchos migrantes se enfermaron y es un tema imperativo de salud pública” no aceptarlos en EEUU.

El alto funcionario insistió en que el trato de la Patrulla Fronteriza a caballo a algunos migrantes sigue bajo investigación. Mayorkas señaló que, del total que se encontraba bajo el puente en Del Río, unos 8,000 regresó voluntariamente a México. Otros 2,000 fueron expulsados a Haití en 17 vuelos de deportación.

Unos 15,000 migrantes

“Hace menos de una semana, había aproximadamente 15,000 migrantes en Del Río, Texas, la gran mayoría de los cuales eran ciudadanos haitianos”, dijo Mayorkas a los periodistas este viernes.

“Fue el resultado de un movimiento sin precedentes de un gran número de personas que viajaba a un solo punto de la frontera en cuestión de unos pocos días (…) a partir de esta mañana, ya no hay migrantes en el campamento debajo del Puente Internacional de Del Río”, aseveró Mayorkas.

Pese a las críticas de que los deportados viajaban a una situación difícil en su país de origen, debido a la situación de orden público desatada por desastres naturales y más reciente el asesinato del presidente Moise, el jefe del DHS insistió en que el país caribeño estaba en capacidad de recibir a sus ciudadanos.

La oleada de migrantes sobrepasó las capacidades de respuesta tanto de México como de Estados Unidos, que no fueron capaces de detectarla, contrarrestarla, procesar y otorgar beneficios migratorios legales disponibles como el asilo o el refugio.

El campamento fue creciendo durante semanas a través de mensajes de boca en boca o a través de redes sociales donde se publicaban información falsa indicando que la frontera en Del Río estaba abierta, de acuerdo con señalamientos del jefe de la Patrulla Fronteriza, Raúl Ortiz.

Pero el canciller mexicano, Marcelo Ebrad, dijo a comienzos de semana que la mayoría de los migrantes haitianos que cruzaron su país en dirección a la frontera sur de Estados Unidos provenían de Chile y Brasil, y que fueron engañados por traficantes de personas diciéndoles que si entraban a Estados Unidos recibirían la residencia (Green Card).

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