El papa Francisco celebró la misa de Jueves Santo en la Basílica de San Pedro del Vaticano.

A la misa asistieron unos 1,800 sacerdotes. En su homilía, el pontífice aconsejó a los curas que no se centren en preocupaciones mundanas como el poder, la planificación o la burocracia y los animó a “servir, con la conciencia tranquila, al pueblo santo y fiel de Dios”.

Francisco no hizo referencia a las décadas de escándalos de sacerdotes que abusaron sexualmente de menores y que a menudo fueron trasladados de parroquia en parroquia por los obispos que intentaron evitar la vergüenza en lugar de proteger a las víctimas.

Durante la tarde, el papá visitó una prisión en Civitavecchia, una ciudad portuaria a unos 80 kilómetros (50 millas) al noroeste de Roma, para la ceremonia de lavado de pies que recuerda el gesto de humildad que, según la biblia, tuvo Jesús con sus apóstoles.

Francisco ha hecho de la atención a quienes están en los márgenes de la sociedad, incluyendo refugiados, migrantes y reos, un sello distintivo de su papado. En años anteriores también visitó cárceles de la capital italiana o próximas, en este día.

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