El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, volará en un avión comercial a Estados Unidos, este martes, para reunirse con el presidente de Donald Trump. Eso significa que el presidente del décimo país más poblado del mundo esperará que su vuelo no se retrase, pondrá cualquier equipaje de mano en el techo y rezará porque haya una temperatura de cabina constante, todo mientras espera que haya más espacio para las piernas. Ya sabes, como el resto de nosotros.

El presidente, quien dice que los aviones presidenciales privados son las trampas de la “élite neoliberal”, incluso tendrá que hacer una escala. “No hay vuelos directos desde la Ciudad de México a Washington”, dijo López Obrador, la semana pasada, durante su conferencia de prensa diaria. “Pero podemos hacer una conexión y llegar a Washington un día antes de la reunión que tenemos”.

Un portavoz de la Cancillería no confirmó el itinerario exacto del presidente, citando preocupaciones de seguridad. Pero tenemos muchas más preguntas además de en qué vuelo se encuentra.

La Logística

Videos e informes de noticias muestran al presidente comenzando sus viajes en el antiguo aeropuerto de la Ciudad de México, atestado por viajeros que buscan selfies, sorprendidos al ver a un presidente pasar por allí.

Cuando AMLO ha abordado su avión en el pasado, se sienta en su asiento y conversa con otros pasajeros todo el tiempo. El espectáculo se ha convertido en una especie de firma para el político de toda la vida.

Sin embargo, el vuelo de esta semana será ligeramente diferente: el viaje será la primera visita internacional de López Obrador desde que asumió el cargo, en diciembre de 2018. No está claro cómo exactamente eso podría cambiar lo que, al menos a nivel nacional, se ha convertido en un procedimiento operativo bastante estándar.

En Estados Unidos, tendrá que pasar por Aduanas e Inmigración, aunque su pasaporte diplomático debería al menos tener acceso a una fila más rápida. Será un día inusual en la oficina para el agente de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. encargado de sellar ese pasaporte.

A pesar de que oficialmente, el Gobierno mexicano compró un Boeing Dreamliner 787-8 para uso presidencial, en 2012. El precio del avión fue de US$ 218,7 millones.

López Obrador, un izquierdista conocido por sus posiciones populistas y su fuerte base entre las comunidades de bajos ingresos, había denunciado el avión durante mucho tiempo como un notorio ejemplo de exceso del Gobierno y prometió nunca usarlo.

El avión ha estado a la venta por más de un año (precio inicial: US$ 130 millones), pero López Obrador ha tenido problemas para encontrar un comprador. El Gobierno lo mantiene en un campo de aviación en Los Ángeles, California, y aún paga por su mantenimiento y almacenamiento.

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