Por Dr. Amín Cruz, PhD, diplomático, historiador, educador, periodista, escritor, presidente del Congreso Mundial de Prensa y presidente del Congreso Mundial de Universidades, residente en New York. 

“Lo importante no es lo que nos hace el destino, sino lo que nosotros hacemos de él.” 

Florence Nightingale 

El papel de la mujer en la medicina ha sido progresivo a través del tiempo, partiendo de un contexto altamente competitivo y de predominio masculino, desde las sacerdotisas, magas y hechiceras encargadas de cultos relacionados con la salud, seguido por las parteras en América Precolombina, hasta las distinguidas médicos de nuestros tiempos.  

El notable interés de las mujeres por la carrera médica se impulsó a fines del siglo XIX, en el marco de un proceso de democratización como la lucha por el derecho al sufragio femenino, la igualdad de condiciones laborales, el derecho a la educación, entre otras conquistas sociales. 

Dentro del contexto histórico en el que surge y se desarrolla la mujer médica, es pertinente resaltar su heroicidad innata, asentada en su anatomía y fisiología que la convierte de mujer en madre y de madre en heroína.  

Su posicionamiento dentro de la sociedad la expone también a riesgos y peligros, aún con riesgo de su vida. Elizabeth Blackwell fue la primera mujer que logró ejercer la profesión de médico en los Estados Unidos y en todo el mundo.  

Nació el 3 de febrero de 1821 en Bristol Inglaterra, siendo la tercera de nueve hijos. En 1831 emigró con su familia a Cincinnati, Estados Unidos. Blackwell, tras fallecer su padre, comenzaría a estudiar medicina, con el deseo de dedicarse a la práctica médica. 

Tuvo un papel activo en el movimiento abolicionista estadounidense. Diez universidades rechazaron su solicitud de ingreso para realizar estudios en medicina, hasta que fue admitida en Ginera Medical College (Nueva York).  

El 11 de enero de 1849 se convertiría en la primera mujer en recibir el título de doctora en medicina, en Estados Unidos.  Ejerció en maternidad, en una de las curas, una secreción purulenta le salpicó el ojo izquierdo dejándola ciega.  

Aquello truncaría su carrera de cirujana. Poco después, decide ir a Inglaterra.  Al regresar a Estados Unidos, funda, junto a su hermana Emily, una escuela de enfermería para mujeres. El estallido de la Guerra de Secesión las dará a conocer a ellas y a sus primeras discípulas.  

Escribió, además, tratados para difundir entre la población femenina, consejos y recomendaciones para mejorar su higiene y salud. Terminada la guerra, en 1868 funda una Universidad de Medicina para mujeres y al año siguiente marcha a Inglaterra donde ejerce la cátedra de ginecología  

Como parte de su formación, Elizabeth trabajó en el área de obstetricia y en la maternidad de La Maternité parisina. Su labor en el centro francés la marcó mucho más allá del ámbito formativo 

Por lo que, a lo largo de su carrera, Elizabeth Blackwell batalló por el derecho de la mujer a la educación y sus convicciones sociales, que le llevaron, por ejemplo, a pelear contra la esclavitud y la prostitución y defender la educación sexual de los jóvenes.  

Elizabeth se mantendría activa hasta prácticamente 1907, cuando, con más de 85 años, sufrió una grave caída en Kilmun, Escocia, que la obligó a retirarse. La pionera fallecía años más tarde, el 31 de mayo de 1910, en Hastings, al sur de Inglaterra. 

Desde 1949, conmemorando el centenario de su graduación, la Asociación de Mujeres Médicas estadounidenses, otorga todos los años la medalla Elizabeth Blackwell y para reconocer a mujeres que han contribuido de forma destacada a la labor de las doctoras. En 1974 se timbró un sello en EE. UU. en memoria de Elizabeth con un diseño de Joseph Stanley Kozlowski. 

“Cuando ya no sea ni siquiera una memoria, tan sólo un nombre, confío en que mi voz podrá perpetuar la gran obra de mi vida.” Florence Nightingale 

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here