La pandemia ha puesto al descubierto desigualdades graves y sistémicas tanto dentro de países y comunidades como entre ellos. En términos más generales, ha puesto de relieve las fragilidades del mundo, no solo frente a otra emergencia sanitaria, sino también en nuestra vacilante respuesta a la crisis climática, la anarquía en el ciberespacio y los riesgos de proliferación nuclear. En todas partes, la gente está perdiendo la confianza en las clases e instituciones políticas.

La emergencia se ve agravada por muchas otras crisis humanitarias profundas: conflictos que continúan o incluso se intensifican; números récord de personas obligadas a huir de sus hogares; nubes de langostas en África y Asia meridional; sequías inminentes en África meridional y América Central; todo ello en un contexto de tensiones geopolíticas crecientes.

”  En el que el mundo, no sin dificultades, saldría adelante. Los países del Norte Global formularían una estrategia de salida eficaz. Los países en desarrollo recibirían suficiente apoyo y sus características demográficas, en particular la juventud de su población, ayudarían a contener el impacto” dijo António Guterres secretario general de las naciones unidas

En este escenario, también podríamos ver una mayor tendencia a la fragmentación, el populismo y la xenofobia. Cada país podría avanzar por su cuenta, o en las llamadas “coaliciones de países dispuestos a actuar”, para afrontar algunos desafíos específicos. En última instancia, el mundo no lograría movilizar el tipo de gobernanza necesaria para afrontar nuestros desafíos comunes.

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