António Guterres fue elegido este viernes para un segundo mandato de cinco años como secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el apoyo de sus 193 países.

En un mundo muy dividido por numerosos conflictos, la rampante emergencia climática y una pandemia todavía con mucho impacto a nivel planetario, la icónica sala irrumpió en un sonoro aplauso cuando el presidente de la Asamblea General, Volkan Bozkir, anunció la continuidad de Guterres, de 72 años, por aclamación, sin necesidad de votar.

“Haré todo lo que esté en mis manos para asegurar el florecimiento de la confianza entre las naciones grandes y pequeñas, para construir puentes y reforzar la confianza”, dijo Guterres después de prestar juramento para otro quinquenio que se iniciará partir del próximo 1 de enero.

 El ex primer ministro de Portugal (1995-2002) y ex jefe de la agencia de Refugiados de la ONU (2005-2015) tuvo una reelección fácil. Hubo siete aspirantes, pero ninguno logró el apoyo de un solo país, algo obligatorio para ser nominado como aspirante. Guterres ya recibió la semana pasada el aval del Consejo de Seguridad.

 De habitual, con la excepción del egipcio Butros Ghali, al que Estados Unidos le puso la proa a mediados de la década de los noventa, los secretarios generales de la ONU no encuentran oposición para un segundo mandato.

En su discurso, pronunciado en inglés, francés y castellano, Guterres prometió hacer “todo lo posible” para avanzar hacia un escenario positivo. Pero matizó que “nos encontramos en una encrucijada”. Según sus palabras, “hay demasiadas asimetrías y paradojas que se han de abordar”. En su dictamen subrayó que “nuestra historia puede ser de dos maneras, “colapso y crisis perpetua, o avance y perspectiva de un horizonte más verde, seguro y mejor”.

El mandatario portugués llegó al cargo en el 2016, tras imponerse a trece candidatos oficiales, de los que siete eran mujeres. Asumió el puesto el mismo año que Donald Trump tomó posesión de la Casa Blanca, de quien es más que conocido su desdén por la ONU y su representación multilateral. En sus visitas a la Asamblea General dejó bien clara la defensa aislacionista del America First.

A Guterres se le reconoce su diplomacia para evitar la confrontación con Trump, presidente del país que alberga la sede de Naciones Unidas y principal contribuidor económico. También se le da crédito por su gestión en este difícil tiempo del coronavirus, cuestión que describió como el mayor reto de la organización desde su fundación.

Pero se le critica su incapacidad para castigar públicamente a los gobiernos que abusan de los derechos humanos o esconder esas conductas. Y si bien recibe elogios por promover la igualdad de género, otros le acusan de fracasar en su promesa de erradicar el acoso sexual entre una gran parte de la burocracia de la ONU.

 Sin que sonara a mea culpa, Gutierres apeló en la victoria a incrementar la transparencia y la rendición de cuentas.

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