Una investigación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 39 países del África Subsahariana reveló que solamente seis naciones continúan con la totalidad de escuelas abiertas, que en 19 los colegios permanecen parcialmente abiertos, y que en 14 se cerraron sus puertas totalmente.

Las repercusiones de esta prolongada interrupción en los menores son varias. Entre ellas destacan una mayor exposición a la violencia y la explotación, embarazos infantiles, peores niveles de nutrición e incremento del estrés, entre otros factores.

En consecuencia, el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) comprobó un aumento en las cifras de violencia contra los niños en África oriental y meridional, y una disminución de las tasas de nutrición debida a que más de diez millones de niños han perdido las comidas escolares.

Las niñas en peligro permanente

En el caso de las niñas, especialmente las desplazadas o las que viven en hogares de bajos ingresos, los riesgos son aún mayores.

Valga como ejemplo el incremento de las tasas de embarazos en adolescentes en Sierra Leona tras los cierres de escuelas por el brote de Ébola en África occidental en 2014. Muchas de ellas no pudieron continuar sus estudios cuando las escuelas reabrieron.

Pérdidas socioeconómicas de larga duración

A estos riesgos se añaden las repercusiones sociales y económicas de los cierres a largo plazo.

Según un análisis del Banco Mundial, el cierre de escuelas en el África subsahariana podría producir pérdidas de ingresos de por vida de 4500 dólares por niño.

“Las escuelas han allanado el camino al éxito para muchos africanos. También proporcionan un refugio seguro para que muchos niños que viven en circunstancias difíciles se desarrollen y prosperen”, dijo el director regional de la OMS para África.

El doctor Matshidiso Moeti afirmó que “no debemos cegarnos en nuestros esfuerzos por contener la COVID-19 y acabar perdiendo a una generación. Del mismo modo que los países están abriendo sus negocios con métodos seguros, podemos reabrir las escuelas. La decisión debe basarse en un análisis detallado de riesgos que garanticen la seguridad de los niños, los maestros y los padres, y en medidas clave como el distanciamiento físico”.

La OMS, UNICEF y la Federación Internacional de la Cruz Roja han publicado orientaciones sobre la prevención y el control del COVID-19 en las escuelas, tales como escalonar el comienzo y el final de la jornada escolar, cancelar los eventos escolares que crean hacinamiento, espaciar los pupitres cuando sea posible, proporcionar instalaciones para lavarse las manos, usar máscaras, evitar el contacto innecesario y asegurar que los estudiantes y profesores enfermos permanezcan en sus casas.

Asimismo, también recomiendan una serie de medidas de higiene y desinfección como el frecuente lavado de manos, la desinfección y limpieza diaria de las superficies y poseer instalaciones básicas de agua, saneamiento y gestión de desechos. Esta última, una condición de la que carecen millones de niños en el continente africano.

Así, en el África subsahariana, sólo una cuarta parte de las escuelas cuenta con servicios básicos de higiene, el 44% de ellas tiene agua potable y el 47% tiene instalaciones básicas de saneamiento, según un informe de la OMS y UNICEF en el que se evalúan los progresos realizados en materia de agua potable, saneamiento e higiene en las escuelas entre 2000 y 2019.

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