Un tribunal de Washington condenó a la esposa de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, este martes a una pena de tres años de cárcel por los delitos de tráfico de drogas y lavado de dinero, de los que se había declarado culpable.

Coronel, que tiene la ciudadanía estadounidense y mexicana, es la tercera esposa del sanguinario narcotraficante, condenado en 2019 a cadena perpetua tras su extradición a Estados Unidos.

El juez Rudolph Contreras ha optado para la acusada por una pena un año inferior a los cuatro solicitados por la fiscalía considerando, sobre todo, dos factores: lo joven que era cuando entró en contacto con El Chapo -ella tenía 17 años; él, 51- y que había reconocido la autoría de los hechos por los que estaba imputada. Poco después de las 12 del mediodía, Coronel se dirigió en español al tribunal para pedir perdón. “Con todo el respeto, me dirijo a ustedes hoy para expresar mi verdadero arrepentimiento por cualquier daño que haya podido causar y les pido a ustedes, a todos los ciudadanos de este país, que me perdonen”, dijo a través de un intérprete.

A la pena de 36 meses de prisión, hay que restarle los nueve meses que ya lleva a la sombra, en una prisión del Estado de Virginia, desde que fue arrestada el pasado febrero en el aeropuerto de Dulles, a las afueras de la ciudad de Washington. Ahora deberá trasladarse a una prisión federal para cumplir el resto de su pena. Había pagado, previamente, una multa de 1,5 millones de dólares.

Coronel había llegado a un acuerdo con la fiscalía por el cual admitía haber operado como correo entre Guzmán y el cártel del Sinaloa, mientras el capo se encontraba encarcelado en el centro Altiplano, en México, después de su arresto en 2014. Esa vía de comunicación fue la que permitió a El Chapo planear su fuga en 2015. Fue el final de su escapada: tras la nueva detención en 2016, fue extraditado a Estados Unidos y ya no volvió a pisar la calle.

Coronel siempre defendió que ignoraba por completo las actividades delictivas de su esposo, que llegó a ser el mayor narco del mundo y tiene un violento historial detrás, pero esas alegaciones se demostraron falsas durante el juicio a El Chapo en Nueva York. La fiscalía mostró una serie de mensajes entre el capo y su esposa en los que, por ejemplo, le aconseja que se comunique con teléfonos encriptados como los de Blackberry y que contactara con el técnico del cartel de Sinaloa. En otros, le pregunta si tiene un arma y ella le responde que sí, que dispone de la que él mismo le había dado.

“Es un hombre bueno, no es violento, ni grosero, nunca lo he visto decir una mala palabra. Sus niñas le adoran y preguntan constantemente por él”, decía Coronel en una entrevista en Telemundo pocos años atrás. “No me consta que trafique con drogas. Estoy enamorada de él”, insistía a la prensa. Porque si algo no hacía la mujer es evitar los focos. Al contrario, solía conceder entrevistas e incluso llegó a participar en un reality show en Estados Unidos llamado ni más ni menos que Cartel Crew (El equipo del cartel), siete meses después de la condena a su marido.

Porque lo que nunca fingió ignorar es la fama del esposo, de la que, de hecho, trató de sacar toda la rentabilidad posible. Impulsó una marca de ropa y el nombre El Chapo Guzmán fue presentado ante la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos, con una cabeza de un león junto a las tres palabras como logotipo.

La esposa de El Chapo ha sido condenada, en concreto, por asociación ilícita para traficar con cocaína, metanfetaminas, heroína y marihuana; así como por lavado de dinero y por ser parte de transacciones de activos propiedad del cártel. Emma Coronel y El Chapo tienen dos hijas gemelas nacidas en Estados Unidos en 2011 y, por lo tanto, ciudadanas estadounidenses. Se suman a al menos otra decena de hijos reconocidos por el narcotraficante con otras mujeres. El juez deseó a Coronel este martes que las críe “en un ambiente diferente” al que ella había experimentado.

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