Los sirios están pagando un “amargo precio” sin precedentes por la devastación económica de una década de conflicto, la inseguridad, los recientes incendios agrícolas, la pandemia de COVID-19 y el invierno inminente que amenaza con recrudecer estos desafíos, advirtieron este martes dos altos funcionarios de las Naciones Unidas.

El coordinador humanitario de la ONU, Mark Lowcock, informó que actualmente el 92% de los 13.500 casos de coronavirus en el país provienen de transmisión comunitaria y que las verdaderas cifras son probablemente mucho peores que las que se pueden confirmar.

“Los centros de salud en algunas áreas no pueden atender todos los casos sospechosos. Además, como en muchos otros países, se están suspendiendo las cirugías o adaptando las salas para recibir a más pacientes.”, expresó.

Lowcock dijo que la ONU está particularmente preocupada por las áreas densamente pobladas: centros urbanos como Damasco, Alepo y Homs, y campamentos de desplazados, asentamientos y refugios colectivos abarrotados en el noroeste y noreste.

En el campamento de Al Hol, por ejemplo, se han confirmado 18 casos entre trabajadores sanitarios y personal de distribución, así como otros cinco más entre residentes del albergue.

 “Las pruebas, como en la mayoría del país, son extremadamente limitadas, así que lo único que estas cifras realmente pueden decirnos es que el COVID-19 se ha apoderado del campamento. Unas 65.000 personas viven en Al Hol, el 94% de las cuales son mujeres y niños”, advirtió el coordinador.

Situaciones similares ya se están viendo en otros campamentos y asentamientos de desplazados en el noreste del país, impulsados por la falta de instalaciones de lavado de manos y saneamiento.

“Si bien es posible que no conozcamos el alcance total del brote de COVID-19 en Siria, está claro que gente de todo el país seguirá necesitando ayuda para superar esta crisis dentro de otra crisis”, apuntó Lowcock, recordando que la ONU necesita 211 millones de dólares para ayudar a la población.

 Continúan los ataques


Pero no todas son malas noticias, el enviado especial de la ONU para Siria, Geir O. Pedersen, aseguró que además del Comité Constitucional, que posiblemente vuelva a reunirse en noviembre, hay acontecimientos positivos para resaltar.

“Algunas partes clave han señalado que la fase militar del conflicto está terminando, y esto atrae la atención hacia el proceso político. Los frentes de combate no han cambiado en ocho meses y la cantidad de civiles asesinados en los últimos meses, según grupos de seguimiento, han estado en los niveles más bajos desde 2011”, expresó.

Sin embargo, los ataques aéreos y terrestres continúan. Pedersen reportó un bombardeo aéreo a uno de los grupos armados de oposición que está representado en el Comité Constitucional y las conversaciones de Astana, y advirtió que esto podría erosionar la cooperación entre Rusia y Turquía para mantener la calma en el norte del país.

Asimismo, en una zona rural de Alepo, al Bab, un carro bomba causó la muerte de más de una decena de civiles, entre ellos cinco niños, e hirió a otras 60 personas, y  la embestida contra un mercado de combustible también dejó varios muertos.

“Continuamos viendo secuestros y asesinatos en el suroeste contra una gran cantidad de actores políticos, militares y de la sociedad civil”, agregó.

Las tensiones han continuado entre los cinco ejércitos extranjeros activos en Siria, que han dado lugar regularmente a enfrentamientos, incluidos más ataques aéreos atribuidos a Israel este mes.

Pedersen recordó que permanece la amenaza terrorista y que los enfrentamientos entre el ISIS y las fuerzas gubernamentales han dejado varios muertos en el desierto.

“Un ataque aéreo ayer en el subdistrito de Armanaz, impactó un área a solo varios cientos de metros de los campamentos de desplazados. Durante la última semana se ha informado de tres ataques aéreos en Idleb, con informes de al menos cinco civiles heridos, incluidos tres niños”, detalló Mark Lowcock.

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