Por Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, del Estado de Guerrero, México. 

“Promovamos la gestión sostenible de los suelos basada en una gobernanza adecuada y en inversiones racionales. 

Juntos podemos promover la causa de los suelos, que constituyen una verdadera base sólida para la vida”. Ban Ki-moon 

El Día Mundial del Suelo (WSD) se celebra anualmente cada 5 de diciembre desde 2014, año en el que la ONU designó esta fecha a propuesta de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). 

Los orígenes de la idea se remontan a 2002 gracias al impulso de la Unión Internacional de Ciencias del Suelo (IUSS), la cual propuso este evento en el marco de la Alianza Mundial por el Suelo, un foro colaborativo surgido ante la necesidad de compartir experiencias sostenibles para recuperar un suelo que pensábamos era un recurso infinito. 

Este día fue oficialmente reconocido en memoria del Rey de Tailandia Bhumibol Adulyadej, querido monarca fallecido en 2016 que autorizó oficialmente el acontecimiento y que fue uno de los grandes promotores de esta idea. 

Los suelos desempeñan un papel fundamental en el buen funcionamiento de los ecosistemas, contribuyendo a la regulación del flujo del agua y el clima, la biodiversidad, la captación de carbono y la preservación de tradiciones culturales, este está compuesto por minerales, materia orgánica, diminutos organismos vegetales y animales, además de contener aire y agua, en realidad, es una capa delgada que se ha formado muy lentamente a través de los siglos, con la desintegración de las rocas superficiales por la acción del agua, los cambios de temperatura y el viento.  

Un centímetro de suelo puede tardar hasta 1.000 años en formarse y en este proceso han intervenido tanto las plantas como los animales que crecen y mueren dentro y sobre el suelo, siendo descompuestos por los microorganismos, transformados en materia orgánica y mezclados con el suelo, las plantas nutren todo un mundo de criaturas en el suelo, que a su vez alimentan y protegen a las plantas, por lo que esta diversa comunidad de organismos vivos mantiene el suelo sano y fértil, este vasto mundo constituye la biodiversidad del suelo y determina los principales procesos biogeoquímicos que hacen posible la vida en la Tierra. 

Los suelos son parte esencial del ciclo del agua: la almacenan, la regulan y la filtran, mejorando la seguridad alimentaria y nuestra resiliencia a las inundaciones y sequías. A la vez, hacen parte del ciclo del carbono y del nitrógeno, fundamentales para la vida en el Planeta, y a la vez claves para la mitigación del cambio climático, los suelos guardan carbono que si sale a la atmósfera calentaría aún más la Tierra y aceleraría el cambio climático.  

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO): 

El suelo retiene el triple de carbono que la atmósfera y puede ayudarnos a luchar contra el cambio climático. 

Unos 815 millones de personas sufren inseguridad alimentaria y aproximadamente 2000 millones no disponen de alimentos suficientemente nutritivos, por lo que esta situación se podría mitigar mediante la gestión adecuada de los suelos. 

El 95% de los alimentos provienen del suelo. 

El 33% de los suelos del planeta están degradados. 

De igual manera sus Objetivos a fomentar 

  • Reconocer la importancia económica y social de una buena ordenación de la tierra. Incluido el suelo, y en particular su contribución al crecimiento económico. 
  • Conocer su diversidad biológica, la agricultura sostenible y la seguridad alimentaria. 
  • Concienciar sobre medidas para la erradicación de la pobreza y el empoderamiento de la mujer. 
  • Hacer frente al cambio climático y el aumento de la disponibilidad de agua y destacando que la desertificación, la degradación de la tierra y la sequía son problemas de dimensión mundial y que siguen suponiendo un serio desafío para el desarrollo. 
  • Promover la necesidad urgente a todos los niveles de crear conciencia en la población y de promover la sostenibilidad de los recursos limitados del suelo mediante la mejor información científica disponible y teniendo en cuenta todas las dimensiones del desarrollo sostenible. 

Los llamados suelos resilientes, es decir aquellos que no están contaminados y gozan de un alto nivel de salubridad funcionan como filtros naturales del agua, que llega a las capas freáticas más profundas sin agentes polucionantes, son fundamentales para que el ciclo del agua sea eficaz y esta se mantenga pura, si bien los suelos están considerados dentro del rubro de los denominados “recursos renovables”, ya hay zonas en el planeta que se consideran irrecuperables, al menos en plazos cortos, por la contaminación que han sufrido, de igual manera sucede con aquellos suelos que se deforestaron y replantaron con plantas no autóctonas como ha pasado con el aguacate, la palma o el café. 

Es por ello que entre todos podemos contribuir con nuestro granito de arena en mantener vivos los suelos, hacer conciencia sobre la importancia de mantener los ecosistemas saludables que garanticen el bienestar humano con una gestión eficiente de los suelos, de igual manera se deben cambiar las prácticas agrícolas tradiciones por unas sostenibles, que restauren los ecosistemas naturales y mejoren la calidad de los suelos.  

A esto deben sumársele la proliferación de cortavientos, (plantaciones que ayudan a proteger los suelos) y la implantación de medidas más duras para impedir vertidos industriales, para que sirva de algo, la reforestación debe ser seria, ordenada, respetuosa y sostenible, y debe hacerse especialmente en las zonas aledañas a las corrientes fluviales, para que los árboles contribuyan a la retención del agua e impidan las inundaciones, los sembradíos deberán ser de conservación, con poco movimiento vehicular y una mínima erosión. 

Es urgente entender que necesitamos mantener vivo el suelo y su biodiversidad para garantizar el bienestar humano, de igual manera requerimos políticas que incentiven y valoren sistemas productivos que regeneren y protejan los suelos y su biodiversidad.  

Derivado de  lo anterior dentro de la Agenda 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2, 3, 12 y 15 tienen metas que recomiendan la consideración directa de los recursos de los suelos, especialmente la contaminación y degradación del suelo, por ello cuidemos la biodiversidad de los suelos aseguraremos un futuro más verde, equitativo, sostenible y resiliente, ya que, si no actuamos pronto contra la pérdida de la biodiversidad del suelo, la Tierra perderá suelo fértil, y esto amenazaría la seguridad alimentaria 

“La tierra productiva es nuestra base, porque cada cosa que nosotros hacemos comienza y se mantiene con la sostenida productividad de nuestras tierras agrícolas”. Bennett 

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