Ahora que está por dejar su cargo al frente del trabajo humanitario de la ONU ¿cuáles eran algunos de sus objetivos al frente de la Oficina de Coordinación Asuntos Humanitarios (OCHA)?

Lo que esperaba en 2017 era que comenzáramos una etapa en la disminuyeran un poco las necesidades humanitarias del mundo. Habían aumentado mucho en la década de 2010, en gran parte debido a nuevos conflictos pero también por el efecto del cambio climático. Esperaba que fuera posible revertir esa tendencia gracias al progreso de los últimos 50 años en el desarrollo humano, la esperanza de vida, la mejor alimentación, el aumento de niños que van a la escuela, la reducción de muertes por enfermedades prevenibles, etc. Tenía la esperanza de llegar a las personas más vulnerables del mundo, que suelen ser las que se encuentran en situaciones humanitarias.

He hablado con casi todos mis predecesores en OCHA y en general coincidimos en que nos tocaron tiempos desafiantes. Pero objetivamente hablando, creo que los últimos cuatro años han sido una época inusualmente difícil.

En primer lugar, hemos tenido una expansión del conflicto en muchos lugares; hemos fracasado en resolver los de larga data como Siria y Yemen, y han surgido nuevas crisis en otros lugares, como Mozambique y Etiopía. En segundo lugar, hemos visto los crecientes impactos del cambio climático. El cambio climático es ahora una gran causa de sufrimiento humanitario en todo el mundo. Y en tercer lugar, hemos tenido brotes de enfermedades: no sólo la pandemia, aunque ésta ha marcado una gran diferencia.

Entonces, aunque mi objetivo era ver una reducción en el sufrimiento, lo que ocurrió fue un crecimiento a niveles sin precedentes en la cantidad de personas que necesitan protección y asistencia.

La buena noticia es que la ONU, las ONG y la Cruz Roja continúan haciendo un trabajo fantástico para salvar vidas y reducir el sufrimiento. Creo que el sistema humanitario ha dado un paso adelante en los últimos años.

Asistimos a más de 100 millones de personas al año salvando millones de vidas y contamos con el coraje, el compromiso, el profesionalismo y la dedicación de todos los trabajadores de las agencias humanitarias en el mundo.

También hemos visto un aumento sustancial del financiamiento voluntario de los Estados miembros a la labor de las organizaciones humanitarias. Ha aumentado un 30%. Es cierto que la brecha entre los fondos que tenemos y los que necesitamos es grande, pero hemos podido recaudar más dinero, y eso ha disminuido el sufrimiento.

Sin embargo, en tanto el mundo no mejore la gestión de las causas de los problemas humanitarios, nadie puede esperar que mejore la situación humanitaria, al contrario, habrá más personas que necesiten ayuda.

Sin duda 2020 fue un año especialmente difícil. ¿Cómo ha afectado la pandemia a las operaciones de ayuda de la ONU?

La pandemia ha llegado a todos los rincones del planeta y sus efectos no responden sólo al virus y la enfermedad y muerte que causa, sino a su enorme impacto en la economía mundial, que ha provocado un gran aumento de la pobreza en los países más vulnerables. Es aumenta las necesidades humanitarias.

Entregar ayuda se ha vuelto más problemático. A mediados de 2020 las aerolíneas internacionales dejaron de volar, lo que hizo muy difícil que los trabajadores humanitarios entraran y salieran de los lugares donde estaban ayudando. Hemos visto una gran escasez de equipo esencial: equipo de protección personal, medicamentos, productos básicos, etc. Y también hemos visto cómo los países más acomodados los acaparan en gran medida. Hemos visto las terribles desigualdades en la disponibilidad de vacunas. Los países que mejor salen de la pandemia son los países ricos que tienen científicos, compañías farmacéuticas y recursos para pagar programas masivos de vacunación. Los países más pobres aún no tienen uno, y eso parece estar todavía muy lejos.

¿Cómo ha enfrentado OCHA esos desafíos?

OCHA coordina el sistema humanitario, así que reestructuramos nuestra forma de organizarnos. Hay más gente en el campo, menos en la sede. Pusimos en orden nuestras arcas. Cuando empecé en el puesto, OCHA tenía una serie de dificultades financieras que hemos podido resolver. Nos hemos concentrado en cuatro responsabilidades clave: identificar la necesidad humanitaria cuando surja, coordinar los planes de respuesta, recaudar dinero para pagar esos programas, y resolver problemas específicos como las negociaciones de acceso en los escenarios de conflicto, así como la protección del personal humanitario.

Al empezar la entrevista le pregunté los objetivos que esperaba alcanzar. ¿Cree que los ha conseguido?

Lo realmente importante es que hemos evitado los peores resultados posibles en algunas de las grandes crisis. Estuve muy preocupado todo el último año por la posibilidad de que la hambruna consumiera y se cobrara la vida de millones de personas en Yemen. Hasta ahora hemos podido evitarlo. Lo mismo con otras crisis en las que hay un gran número de vidas en riesgo debido a la inseguridad alimentaria, como el noreste de Nigeria, Sudán del Sur, partes del Sahel.

Creo que el sistema humanitario se ha enfrentado muy bien a los desafíos. Siento una enorme admiración, en particular por el valor, el compromiso, el profesionalismo y la creatividad de los trabajadores humanitarios de primera línea. Las cosas serían mucho peores si esas personas no arriesgaran sus vidas todos los días para ayudar a otros. También creo que hemos comenzado a hacer algunos avances en la innovación en el sistema humanitario tratando de actuar antes de que los problemas surjan; haciendo un mejor uso de la tecnología digital para brindar asistencia y poder adquisitivo. Hemos mejorado en la identificación de los grupos vulnerables.

El sistema humanitario está mejorando de muchas maneras, pero eso en realidad sólo contrarresta el aumento de las necesidad y las causas de origen no se están abordando. Eso es lo que el mundo debe resolver.

¿Cuál considera que es la crisis humanitaria más urgente en la región de América Latina y el Caribe?

Se trata de una región que ha tenido un gran desarrollo en los últimos 30, 40, 50 años, y muchos de sus países han superado la necesidad sistemática y constante de ayuda internacional para hacer frente a las crisis cuando aparecen.

Obviamente, en todo el planeta el mayor problema sigue siendo el COVID-19, y en esa región no hay suficientes vacunas para todos. Pero esperamos que dentro de un año o 18 meses, en América Latina y el Caribe se haya superado en gran medida esa situación.

Creo que una crisis que va a continuar dominando y ser problemática es la de Venezuela. Y lo más trágico es que se trata de un país que tiene las mayores reservas de petróleo del mundo. Debería ser un país rico.

Pero sus problemas surgen esencialmente de los fallos en la gobernanza, de déficits de gobernanza. Así que espero que los venezolanos, con ayuda del exterior, puedan encontrar un mejor camino para avanzar en el desarrollo de su país, para resolver sus diferencias y para dar a la gente una esperanza realista de que la vida puede mejorar en el futuro, del mismo modo en que todas esas esperanzas se han visto frustradas en la última década.

La otra cosa que añadiría sobre la región es que hay un grado muy alto de vulnerabilidad a los fenómenos meteorológicos extremos relacionados con el clima, especialmente en la zona del Caribe. Esas naciones tienen que continuar la senda que han emprendido, aunque no esté completa, para mejorar su resiliencia, preparación y capacidad de respuesta frente a esos embates.

El mundo tiene muy presentes las cuestiones del calentamiento global y los futuros fenómenos meteorológicos adversos. Aunque logremos un éxito rotundo en la Conferencia de las Partes de este año en Glasgow, muchos más de esos problemas seguirán y todos tenemos que trabajar más rápido para prepararnos frente a ellos.

Muchos países desarrollados parecen querer renunciar ahora a su compromiso de destinar el 0,7% de su PIB a la ayuda oficial al desarrollo. ¿Qué impacto tendría esta medida en la asistencia humanitaria en el mundo?

No creo que muchos países desarrollados quieran hacerlo. Creo que sólo hay un país, en realidad, que ha dado un paso atrás en ese compromiso, y espero que ese paso atrás sea sólo por un periodo corto y se revierta rápidamente.

Creo que sigue siendo un gran problema que los recursos para las respuestas humanitarias coordinadas por la ONU sean financiadas por un número muy pequeño de países occidentales.

El sistema de acción humanitaria que tenemos en la ONU, a diferencia del mantenimiento de la paz o de los pagos regulares a la Organización, es un sistema voluntario. En el ámbito humanitario tenemos un sistema de carácter voluntario, y en los últimos años, el 70% de los gastos ha sido sufragado voluntariamente por sólo cuatro fuentes: Estados Unidos, Alemania, la Unión Europea y el Reino Unido. Y no creo que sea un enfoque viable y sostenible en el futuro.

Así que creo que sería positivo que otros países desempeñaran un papel más importante en la financiación de este esfuerzo colectivo, que hubiera menos oportunismo.

Tengo una o dos ideas que intentaré poner en marcha y conseguir apoyo cuando haya dejado este trabajo, porque creo que los acuerdos actuales ya no son los más adecuados.

¿Se ha arrepentido alguna vez de haber aceptado un trabajo tan exigente?

El Secretario General me llamó en abril de 2017 y me preguntó si aceptaría el trabajo. Creo que si el Secretario General de las Naciones Unidas te llama y te pregunta eso, necesitas una muy buena razón para responder que no. (…) He disfrutado observando la labor de todos mis colegas. Pienso que, sin el trabajo de las agencias humanitarias, las cosas serían mucho más difíciles. En ese sentido, es algo profesionalmente gratificante.

Debo decir que he tenido mucha suerte con mi jefe. Uno de mis mejores consejos para los colegas más jóvenes es que elijan a un jefe realmente bueno, que trabajen con alguien a quien realmente admiren. Y yo he tenido la increíble suerte de trabajar para António Guterres, un hombre muy, muy brillante, y una persona muy, muy buena para trabajar como gestor.

Tiene claro lo que quiere. Tiene una escala de valores muy definidos. Espera que su equipo cumpla y permite que se pongan manos a la obra. Y cuando hay un problema, siempre está disponible para ayudar. Muchas veces he tenido que acudir a él y pedirle un poco de ayuda y siempre me ha sorprendido lo rápidamente que ha respondido, y lo constructiva que ha sido siempre su respuesta.

¿Le daría algún consejo en particular a su sucesor?

Afortunadamente, mi sucesor es una persona muy experimentada que probablemente sepa mucho más que yo sobre el sistema humanitario internacional, así que no creo que necesite mis consejos.

Martin Griffiths y yo nos conocemos muy bien. Hemos trabajado codo a codo en Yemen durante tres años. Hemos hablado mucho. Me ha hecho preguntas sobre lo que está pasando para estar listo al asumir el cargo. Yo seguiré observando desde la barrera. Alentaré a todos los organismos humanitarios. Si puedo aportar alguna idea o colaboración, lo haré encantado. Pero sé que tanto la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios como el sistema humanitario van a estar en muy buenas manos bajo el liderazgo de Martin como nuevo coordinador.

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