“La ayuda viene en camino”, Con esta frase motivadora Kamala Harris, vicepresidenta de EE.UU. y encargada por Joe Biden de lidiar con la crisis migratoria, resumía su reunión, de más de dos horas y a puerta cerrada, con el presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei. Los asuntos sobre los que giró el encuentro fueron las inversiones en terreno centroamericano por parte de empresarios estadounidenses, un programa de empoderamiento a mujeres jóvenes, unos equipos de seguridad especiales que investiguen la corrupción y el apoyo para disminuir el narcotráfico y lasmafias de tráfico de personas que operan en las fronteras sur y norte de Guatemala.

Por otro lado, Harris quiso reiterar su mensaje para disuadir a los centroamericanos de tratar de entrar en Estados Unidos: “No vengan, no vengan. Seguiremos aplicando la ley y reforzando las fronteras . Si llegan (ilegalmente) serán enviados de vuelta”.

 La vicepresidenta estadounidense ha iniciado su primer viaje al extranjero, desde que fue nombrada la primera mujer afroamericana vicepresidenta de EE.UU., para cortar la inmigración, que se encuentra en cifras récord desde esta primavera, y que se amontona en campamentos infrahumanos, en la frontera norte de México. Kamala Harris centrará sus reuniones en los flujos migratorios que no sólo proceden de Centroamérica ya que los migrantes mexicanos suponen un 44%. Así, México y EE.UU. acaban de llegar a un acuerdo de entendimiento de cooperación internacional entre la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de México y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.

Firmado por los ministros de Exteriores de cada país, contó con la presencia, como testigos, de Kamala y Andrés Manuel. La exsenadora quiso otorgar la debida importancia a su reunión en el Palacio Nacional, con López Obrador, con estas palabras: “Estados Unidos y México comparten historia y familia. Nuestras economías están atadas y nuestra seguridad depende una de la otra. Estoy aquí en la Ciudad de México para renovar la importante asociación de nuestra nación con México”, posteó en su cuenta de Twitter.

El papel de México se vislumbra como imprescindible como aliado de los Estados Unidos para paliar los movimientos migratorios y para desmantelar los campamentos de migrantes, cerrando su frontera sur, como para disminuir el número de mexicanos que pretende traspasar la frontera, cada vez mayor en número.

 México, antes de la llegada de Kamala, ya comenzó a deportar migrantes en su frontera norte mediante aviones que llegaban a San Pedro de Sula (norte de Honduras) y autobuses que se dirigían al sur del país. Una medida duramente criticada por las ONG que destacó ABC hace una semana: “Los inmigrantes son devueltos a su residencia y en muchas ocasiones está en riesgo su vida o la de su familia en una inmigración por necesidad “, nos confesaban desde la presidencia de Wola, organización líder en investigación e incidencia que promueve los derechos humanos en América. Asegurando que “es muy preocupante que EE.UU. esté pidiendo a México repatriar a los inmigrantes que fueron expulsados” del vecino del norte. «México aceptó recibir a los indocumentados expulsados y ahora asume el traslado de los mismos a sus países de origen», explicaron desde Wola.

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