“Hoy más que nunca, las personas mayores necesitan una mayor protección para disfrutar plenamente de sus derechos humanos. Pero la realidad es que los marcos legales internacionales, que deberían proteger a todos, sin discriminación, todavía invisibilizan a las personas mayores”, dijo este lunes la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Michelle Bachelet participó en la 12ª sesión del Grupo de Trabajo sobre Envejecimiento, que tiene lugar en el auditorio de la Asamblea General de la ONU, para recordar que, además de que la mayoría de las seis millones de muertes se han registrado en ese colectivo, la crisis generada por la pandemia de COVID-19 ha expuesto y profundizado la falta de protección de los derechos de las personas mayores.

“Ha demostrado cómo la discriminación relacionada con la edad crea y exacerba la pobreza y la marginación, y cómo amplifica las amenazas a los derechos humanos. Las personas mayores se han quedado al margen de la sociedad en el momento en que más necesitan nuestro apoyo”, aseveró.

Además de la pandemia, agregó, el cambio climático impacta más gravemente la salud, el acceso a alimentos, agua y saneamiento, tierra, vivienda y medios de subsistencia de los ancianos.

Las crisis humanitarias y los conflictos son otras situaciones que acentúan la vulnerabilidad de las personas de edad, como se observa en Siria, Trigray, Ucrania y otros escenarios de violencia y carestía.

“Frente a estos desafíos, es imperativo fortalecer los derechos humanos de las personas mayores”, enfatizó y añadió que todo el mundo debe sumarse a esa causa.

Personas mayores en Seúl, Corea del Sur  Foto archivo: ONU/Kibae Park

Toda la gente envejece

Bachelet se refirió a las proyecciones que indican que para 2050 se duplicará el número de adultos mayores de 65 años y que ese grupo etáreo superará al de jóvenes entre 15 y 24 años.

Tras recordar que toda la gente envejece, apeló a un espíritu de solidaridad intergeneracional para desbloquear el avance hacia la protección de los derechos humanos en cada etapa de la vida.

Bachelet consideró que el marco de derechos humanos que existe para las personas mayores “es totalmente inadecuado y brinda una cobertura fragmentada e inconsistente de sus derechos humanos, tanto en la ley como en la práctica”.

“Sus derechos continúan siendo ignorados y desatendidos en las políticas y programas nacionales. A nivel internacional, simplemente se olvidan”, abundó.

Hay más de 141 millones de personas mayores de 60 años en el mundo. Foto: OMS

Ausencia de instrumentos internacionales

En este sentido, destacó la falta de un instrumentos de garantías fundamentales específico para ese colectivo.

Subrayó, asimismo, que la discriminación por edad es “omnipresente” en todas las sociedades, con estereotipos que “pueden ser peligrosos”.

Ese tipo de discriminación, acotó, se agudiza por la insuficiencia de marcos de protección.

Para reforzar esta afirmación, argumentó que en la actualidad, ninguno de los tratados de derechos humanos de las Naciones Unidas contiene disposiciones específicas sobre discriminación por edad.

“Tenemos que luchar contra esto”, insistió y citó el nuevo contrato social anclado en los derechos humanos al que llama “Nuestra Agenda Común”, el documento del Secretario General de la ONU que aboga por un futuro de cooperación mundial y multilateralismo inclusivo y eficaz. “Las personas mayores son parte integral de esta agenda”, abundó.

La Alta Comisionada instó a los participantes en la sesión del Grupo de Trabajo sobre Envejecimiento a delinear las medidas decisivas que se precisan para el desarrollo de propuestas de un instrumento legal internacional que promueva y proteja los derechos y la dignidad de las personas mayores.

Dora Valiente, una anciana de 80 años en La Boquilla, Cartagena, Colombia. Según la OMS, el 10% de las personas mayores sufre algún tipo de violencia.

ONU/Rocio Franco

Las personas mayores deben ser la guía

Explicó que este proceso deberá garantizar la participación sustantiva de la sociedad civil, las instituciones nacionales de derechos humanos y todos los actores interesados. Y los más importante, resaltó es que las voces y la experiencia de las propias personas mayores deben ser la guía para la elaboración de dicho instrumento.

“Me gustaría imaginar un mundo en el que las personas mayores en todas partes tuvieran la garantía de vivir una vida digna, con seguridad económica. Un mundo en el que puedan continuar con su trabajo y contribuir a la sociedad durante el tiempo que deseen y puedan hacerlo. Donde puedan vivir de forma independiente y tomar sus propias decisiones”, señaló.

En ese mundo, detalló, los ancianos deberán estar libres de la violencia, el abandono y el abuso; y los servicios de salud de calidad serán accesibles para todos.

Del mismo modo, en un futuro como ese, las personas mayores deberían poder participar, contribuir al desarrollo sostenible y tener acceso a la justicia por cualquier violación de sus derechos humanos, reiteró Bachelet.

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