Desde pequeño tuvo interés por la biología, gracias a que sus profesores de colegio le inculcaron la pasión por la naturaleza: aprendió que la inspiración para resolver problemas de la vida cotidiana nace de ella.

Cuando estaba por cursar el tercer año de secundaria, su tío le propuso a él y a sus primos venir a la capital en busca de una mejor educación y mayores oportunidades de desarrollo. Sabía que adquirir conocimiento era la única manera de salir adelante. Ya en Lima, Max y sus primos empezaron a vivir en una misma casa con apoyo económico de sus padres y familiares. Con mucho esfuerzo, finalmente lo logró, pudo ingresar a una universidad reconocida y estudiar aquello que desde tan chico le gustaba: Ciencias Biológicas.

 El camino como biólogo

La pasión de Max por la biología fue aumentando a medida que estudiaba en la universidad. Analizando a los seres vivos, se dio cuenta que si se observaban los mecanismos que funcionan en la naturaleza desde hace miles de años, se podía llegar a encontrar soluciones tecnológicas para afrontar problemas actuales: desde emular el mecanismo de almacenamiento de energía de las anguilas eléctricas para obtener baterías, hasta imitar el movimiento de las aves para crear la cámara GoPro.

Le encantaba estar en el laboratorio y hacer diferentes ensayos por largas horas. Le tomó tres años culminar su tesis de licenciatura sobre celdas solares que hacían uso de pigmentos de un microorganismo termófilo, para asegurar que los paneles sean más resistentes y así evitar su deterioro. Su esmero y esfuerzo tuvo como recompensa el obtener una beca del Gobierno Peruano para hacer una estancia científica en la Universidad de Costa Rica en la facultad de Electroquímica y Energía Química, en donde logró desarrollar un proyecto sobre energía solar orgánica.

“La innovación en un mundo acelerado es importante, y la tecnología sostenible lo es”.

Para Max, la ciencia y la tecnología son importantes para poder impulsar y obtener proyectos exitosos que marquen una diferencia en vida de las gentes. “Es en la naturaleza en donde se encuentran las respuestas y de donde pueden surgir grandes ideas”, asegura.

Sin embargo, afirma que la falta de apoyo de organismos e instituciones durante el proceso de emprendimiento es notable, por lo que existen proyectos innovadores que se quedan tan solo en la etapa de investigación, sin la posibilidad de ponerse en práctica para el beneficio de la sociedad.

La unión de varias disciplinas es clave

El sueño más grande de Max era ser un investigador neto y hacer trabajos de campo para conocer de cerca las distintas problemáticas en el medio ambiente. Cuando estaba en la universidad, participó en un concurso en donde se debían crear soluciones viables a problemas reales de empresas.

En aquella ocasión, Max y su equipo crearon una válvula que imitaba al corazón humano para poder identificar conexiones clandestinas del servicio de agua potable; llegaron hasta la etapa final de este concurso, en la cual debían crear modelos de negocios, sin embargo, al ser un equipo especializado en el campo de la investigación científica, no lograron elaborar un modelo con la visión comercial necesaria para el concurso. Fue así como Max comprendió que, si bien la investigación científica era esencial, también necesitaba contar con personas de distintas áreas para poder lograr un mejor resultado en futuros proyectos. Es así como decidió formar un equipo multidisciplinario que compartiera la misma pasión por el bienestar social y ambiental. De esta manera nació Yawa, su más grande iniciativa.  “Si descubrimos nuestra pasión y misión en la vida, podremos contribuir a la sociedad”.

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