El vaticano ha anunciado que este viernes santo 2022, tras dos años de la pandemia, el Papa presidirá la celebración del Via Crucis en el Coliseo romano.

La tradición del Via Crucis en Roma tiene sus raíces en el siglo XVIII, cuando un grupo de fieles se reunía junto al misionero franciscano Leonardo da Porto Mauorizio los domingos a primera hora del día, en el convento de San Buenaventura, en el Palatino para rezar el Vía Crucis.

A este misionero franciscano se le atribuye la creación de más de medio millar de Via Crucis de Italia. Leonardo da Porto pidió al Papa Benedicto XIV el permiso para formar una cofradía y organizar el Vía Crucis en el Anfiteatro Flavio con el fin de unir a estas oraciones, una serie de meditaciones sobre la Pasión de Jesús.

El permiso se concedió el 13 de diciembre de 1749 y, al cabo de unos meses, comenzaron las obras para construir las catorce estaciones del Vía Crucis en el interior del Coliseo. El Papa aceptó y encargó al cardenal vicario Giovanni Antonio Guadagni la creación de la asociación. Mientras tanto, ordenó la renovación de los catorce edículos que ya se encontraban alrededor de la arena.

El Coliseo había sido un lugar de veneración desde el siglo V, y en su interior se había erigido en el siglo XV la capilla de la Piedad. De hecho, en décadas anteriores, el Coliseo había acogido representaciones sacras, y el Papa Clemente X lo había consagrado a la memoria de la Pasión. Sin embargo, cuando llegó la petición de Leonardo da Porto Maurizio, hacía tiempo que estaba casi en desuso y en condiciones bastante deplorables.

La nueva Archicofradía de los Amantes de Jesús y María en el Calvario fue erigida el 17 de diciembre de 1750, y diez días más tarde, se bendijeron los edículos y la cruz del Coliseo. A partir de ese momento, la Archicofradía realizó el rito del Vía Crucis todos los viernes y domingos, en diversos aniversarios y durante la Semana Santa, recorriendo la

Vía Sacra hasta el Anfiteatro Flavio. Durante unos 100 años, la práctica del Vía Crucis en el Coliseo romano contó con una gran participación de los fieles. Sin embargo, decayó cuando en 1874 se retiró la cruz debido al descubrimiento de construcciones en la zona inferior.

En 1926 la cruz volvería al suelo del circo. La gran Cruz de la Archicofradía de los Amantes de Jesús y María del Calvario se encuentra desde 1937 en la iglesia de San Gregorio Magno dei Muratori. En 1959 San Juan XXIII restauró el rito del Vía Crucis en el Coliseo y, poco después, san Pablo VI volvería a realizar este ejercicio piadoso. Desde entonces, los sucesivos Papas han rezado públicamente este Vía Crucis al atardecer del Viernes Santo junto a cientos de fieles que, cada año, recorren y meditan la pasión del Señor unida a los sufrimientos antiguos y modernos de la Humanidad sobre la arena del anfiteatro.

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