La noche de este sábado de Semana Santa, la iglesia católica celebra la Vigilia Pascual, en espera de la resurrección de Cristo, en el Vaticano, el Papa Francisco, aunque no presidió la ceremonia litúrgica, participó vivamente de esta.

En lugar de Francisco fue el Cardenal Giovanni Battista, decano del Colegio Cardenalicio, quien presidió la liturgia. Sin embargo, el Santo Padre sí se llegó a la Basílica de San Pedro y acompañó la celebración, bautizando a cuatro italianos, una estadounidense, una albana y un cubano.

Además, pronunció, sentado, la homilía que tenía preparada para esta ocasión.

El Santo Padre inició su homilía recordando que, muchos escritores han evocado “la belleza de las noches, iluminadas por las estrellas”, en cambio, hoy, dijo el Papa, “las noches de guerras están surcadas por luminosas estelas de muerte”. Por ello, en esta noche, el Pontífice invitó a dejarnos “tomar de la mano por las mujeres del Evangelio, para descubrir con ellas la manifestación de la luz de Dios que brilla en las tinieblas del mundo”. Esas mujeres, señaló el Santo Padre, mientras la noche se disipaba y las primeras luces del alba despuntaban sin clamores, se dirigieron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús y allí vivieron una experiencia desconcertante que se puede resumir en tres acciones: ven, escuchan, anuncian.

El Papa Francisco concluyó su homilía señalando que, nuestra esperanza se llama Jesús. “Él entró en el sepulcro de nuestros pecados, llegó hasta el lugar más profundo en el que nos habíamos perdido, recorrió los enredos de nuestros miedos, cargó con el peso de nuestras opresiones y, desde los abismos más oscuros de nuestra muerte, nos despertó a la vida y transformó nuestro luto en danza. ¡Celebremos la Pascua con Cristo! Él está vivo y también hoy pasa, transforma y libera”. Con Jesús, dijo el Santo Padre, el mal no tiene más poder, el fracaso no puede impedir que empecemos de nuevo, la muerte se convierte en un paso para el inicio de una nueva vida. Porque con Jesús, el Resucitado, ninguna noche es infinita; y, aun en la oscuridad más densa, brilla la estrella de la mañana.

El Papa Francisco concluyó su homilía señalando que, nuestra esperanza se llama Jesús. “Él entró en el sepulcro de nuestros pecados, llegó hasta el lugar más profundo en el que nos habíamos perdido, recorrió los enredos de nuestros miedos, cargó con el peso de nuestras opresiones y, desde los abismos más oscuros de nuestra muerte, nos despertó a la vida y transformó nuestro luto en danza. ¡Celebremos la Pascua con Cristo! Él está vivo y también hoy pasa, transforma y libera”. Con Jesús, dijo el Santo Padre, el mal no tiene más poder, el fracaso no puede impedir que empecemos de nuevo, la muerte se convierte en un paso para el inicio de una nueva vida. Porque con Jesús, el Resucitado, ninguna noche es infinita; y, aun en la oscuridad más densa, brilla la estrella de la mañana.

Y precisamente con la oscuridad más fuerte en la mente, la de la devastadora guerra en Ucrania, que el Papa Francisco concluyó su homilía dirigiéndose al alcalde de Melitopol, Ivan Fedorov, ahora en el exilio y presente en la Vigilia con algunos representantes del gobierno y el parlamento del país. A ellos les renovó, en ucraniano, el más bello anuncio: “Cristo ha resucitado”:

En esta oscuridad en la que viven, señor alcalde, señoras y señores parlamentarios, la densa oscuridad de la guerra, de la crueldad, todos rezamos, rezamos con ustedes y por ustedes, esta noche; rezamos por tanto sufrimiento. Sólo nosotros podemos darles nuestra compañía, nuestra oración y decirles: “¡Ánimo! Los acompañamos”. Y también para decirles lo más grande que celebramos hoy: ¡Cristo ha resucitado!

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