El Villarreal cayó, aunque luchando, ante el Liverpool, en un partido que hasta la segunda parte, los amarillos se encargaron de mantener vivos los sueños de los 23.500 aficionados que abarrotaron su estadio, hasta que los ‘red’ sacaron su carácter de campeón y arrasaron con todo.

En el libreto de Emery, el esquema del partido estaba claro. Salida en tromba y avasallar al Liverpool, como si eso fuera fácil. Pero el submarino lo logró. La presión inicial ante el área ‘red’ encontró su colofón con un centro de Estupiñán que descolgó Capoué y remató a placer Boulaye Dia, el sustituto de Danjuma.

Así lo dicta el libreto de las remontadas y así lo hizo el Villarreal. No bajó el pistón el equipo castellonense, que siguió ahogando al cuadro inglés, que tuvo que esperar hasta bien entrada la primera mitad para situar el Estadio de La Cerámica en su mapa mental.

Fue gracias a Thiago, que logró bajar los balones al piso y a las carreras de Salah y Mané lo que reactivaron al equipo de Klopp, lejos, aún, de ser quienes nos tienen acostumbrados. Mientras, Parejo seguía percutiendo, haciendo suya la medular y avisando con un remate desde la frontal.

Se desgañitó, cuando el Liverpool volvía a ceder ante la presión amarilla, Lo Celso para rogar un penalti -dudoso- de Alisson ante su regate que Makkelie no concedió, al tiempo que Gerard se vendaba la pierna porque sabía que lo mejor, todavía, estaba por llegar. Y es que en la jugada siguiente, la conexión francesa de Vila-Real enloqueció a La cerámica. Capoué, profundo por banda diestra una vez más, colocó un centro medido que Coquelin enterró en la red inglesa.

Fabinho, primero, desde el costado zurdo en un desajuste de la zaga, batió a Rulli en un fallo del argentino para recortar distancias. Sin embargo, de ese golpe, el Villarreal ya no se recuperaría. Luis Díaz, el mejor de la segunda mitad desde que pisó el césped, culminó la revolución que causó en el partido con un remate de cabeza que volvió a sorprender al meta groguet.

Luego, con más corazón que cabeza, Pedraza logró rozar el empate pero al Villarreal no le dio ni para liarse la manta a la cabeza para intentar la heroica. Mané aguó, por completo, la fiesta de La Cerámica con el tercero tras una contra que terminó por zanjar el cuento de hadas groguet.

Con la expulsión de Capoué terminó una historia romántica que tuvo un final amargo para hoy, pero que se convertirá en un éxito a medida que pase el tiempo. Si el Villarreal volvió tras el penalti de Riquelme, no tengan dudas que volverá tras la derrota ante un Liverpool que estará en París.

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